Ricardo López Castro
*Deuteronómico*
De qué sirve escribir ante tanta evidencia,
huir de mi destino, mirar hacia otro lado,
más adentro de mí, si ya he profundizado
hasta la saciedad y la clarividencia.
Si todo es un insulto hacia mi inteligencia,
si el ser humano en sí es un ser abnegado,
si está o no en el lugar que le ha sido asignado,
si en vida, por más Dios, transmitir trascendencia
es la parte más íntima y la última capa,
la verdad esotérica y armónica poesía,
la impotencia o el plan que a ellos se les escapa,
si hacérselo llegar es mi filosofía,
si admitir que saberlo mi mentira destapa,
debo saber, saber, que no soy ningún guía.
El Infierno se enfría,
ese lugar sagrado donde mueren mis dedos,
el fuego que nos quema, es por Dios y mis miedos.
huir de mi destino, mirar hacia otro lado,
más adentro de mí, si ya he profundizado
hasta la saciedad y la clarividencia.
Si todo es un insulto hacia mi inteligencia,
si el ser humano en sí es un ser abnegado,
si está o no en el lugar que le ha sido asignado,
si en vida, por más Dios, transmitir trascendencia
es la parte más íntima y la última capa,
la verdad esotérica y armónica poesía,
la impotencia o el plan que a ellos se les escapa,
si hacérselo llegar es mi filosofía,
si admitir que saberlo mi mentira destapa,
debo saber, saber, que no soy ningún guía.
El Infierno se enfría,
ese lugar sagrado donde mueren mis dedos,
el fuego que nos quema, es por Dios y mis miedos.