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Evocacion

Gigliobianco

Poeta recién llegado
Bajo un cielo sereno, la palidez del oro
llenaba la montaña. Melancólica o triste
opulenta o sonora, copiaba el cielo azul
y se mostraba así: Pensativa en la tarde
misteriosa en la noche, luminosa en la aurora;
su inmensidad llenaba todo y me llenaba el alma!
Yo lloraba o reía entre la niebla fría del invierno
y con la primavera renacía.
En el vasto silencio de su hondura
santifiqué la mía.
Triste y vidente, mística y profana...
En el hueco ignorado de una roca
o sobre el verde musgo,
rendí culto al misterio.
Sacerdotisa en la montaña
mi altar era una piedra.
Cielos, misterios y ondas
y en mis claras pupilas retraban
azules horizontes. Silenciosamente.
Con su alma en la mía, robé
su infinito secreto. Riscos inaccesibles,
quebradas misteriosas, senderos nunca
hallados, confiaron me el secreto
oculto de las noches.
Manantiales ignotos
apagaron mi sed. Madre amorosa
me recogió en su seno
y he dormido mil noches
abrazada a su noche.
Hoy, desperté lejana,
sediento peregrino.
Me he extraviado en la ruta
del camino; evoco la montaña
y está lejos, no me oye,
y la estéril llanura
me llena de tristeza;
no responde a mi grito
Ningún grito. No se levanta un eco, y marcho siempre errante
triste y sola; Soy como una hoja seca
toda muda?​
 
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