Avelino
Poeta veterano/a en el portal
EVOLUCION DE LA DECADENCIA
El mejor estadio de la naturaleza
es por encima de los doscientos grados
o de una temperatura inferior
a los trescientos grados bajo cero.
En ellos la roca perdura o se derrite
y los elementos trascurren inmutables.
El aire es aire, el agua es agua y el hielo es hielo.
Y entre los tres mil y los cincuenta mil
grados centígrados del fuego,
se forman los planetas,
se encienden las estrellas
y orbitan los cuerpos celestes en el frío
circunvalan alegres asteroides.
Cuando la materia se enfría
al infinito
ni los dinosaurios aguantan el chubasco,
hasta el tiempo se torna imperceptible.
Pero cuando en un remoto
lugar del universo
la temperatura se estanca
entre los veinte para abajo
y los cuarenta sobre cero
sobreviene una forma
inferior de la materia.
Y entonces el odio y el amor
se establecen como nuevas
categorías animadas.
En tales condiciones ambientales
bastan unos pocos millones de siglos
para que la decadencia evolucione.
Cuando en un remoto lugar del universo
la temperatura se templa
y es bueno exponerse al sol en una playa,
hay gente que come hamburguesas
o que escribe poemas y novelas.
Y se editan libros,
con muchos litros de cloro
convierten los bosques
en materia putrefacta.
Hoy vengo a celebrar la decadencia
en su máximo apogeo,
participo de la depredación
y el despilfarro.
Soy uno más de esos gusanos felices
que piensan y en dos patas
descomponen la materia
y con mi cara y mi cuerpo de gusano
hago lugar a los hongos y bacterias.
Pero hay otros peores que yo
con más poder de fuego y decisión
en importantes empresas o gobiernos.
Con ellos estamos dispuestos
a seguir destruyendo este planeta
hasta tanto regresen las eras de los hielos
o el mismísimo fuego, nos ponga en su lugar.
El mejor estadio de la naturaleza
es por encima de los doscientos grados
o de una temperatura inferior
a los trescientos grados bajo cero.
En ellos la roca perdura o se derrite
y los elementos trascurren inmutables.
El aire es aire, el agua es agua y el hielo es hielo.
Y entre los tres mil y los cincuenta mil
grados centígrados del fuego,
se forman los planetas,
se encienden las estrellas
y orbitan los cuerpos celestes en el frío
circunvalan alegres asteroides.
Cuando la materia se enfría
al infinito
ni los dinosaurios aguantan el chubasco,
hasta el tiempo se torna imperceptible.
Pero cuando en un remoto
lugar del universo
la temperatura se estanca
entre los veinte para abajo
y los cuarenta sobre cero
sobreviene una forma
inferior de la materia.
Y entonces el odio y el amor
se establecen como nuevas
categorías animadas.
En tales condiciones ambientales
bastan unos pocos millones de siglos
para que la decadencia evolucione.
Cuando en un remoto lugar del universo
la temperatura se templa
y es bueno exponerse al sol en una playa,
hay gente que come hamburguesas
o que escribe poemas y novelas.
Y se editan libros,
con muchos litros de cloro
convierten los bosques
en materia putrefacta.
Hoy vengo a celebrar la decadencia
en su máximo apogeo,
participo de la depredación
y el despilfarro.
Soy uno más de esos gusanos felices
que piensan y en dos patas
descomponen la materia
y con mi cara y mi cuerpo de gusano
hago lugar a los hongos y bacterias.
Pero hay otros peores que yo
con más poder de fuego y decisión
en importantes empresas o gobiernos.
Con ellos estamos dispuestos
a seguir destruyendo este planeta
hasta tanto regresen las eras de los hielos
o el mismísimo fuego, nos ponga en su lugar.
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