David Martinez Vilches
Amigo de la Poesía Clásica
Sería un acertijo indescifrable
vivir a solas, un lugar perdido
en una soledad de inmundo frío
que bajo el cielo cae
nublando las razones
que bajan del cerebro como ausentes,
sobre los prados verdes con sus flores:
ven, que te espero muerte.
Preveo que seré yo el alimento
de amapolas que salgan de la tierra
que en su color engendran
sobre el podrido suelo
una muerte ocultada en sus entrañas,
un lugar de este mundo, su reflejo
bajo las tristes zarzas del olvido,
con toda podredumbre
oculta, porque luce
la muerte engañadora del camino.
Un árbol muerto yace,
mas, antes por los pájaros erguido
bajaba donde el río de agua trae
el agua de la dulce flor de tilo.
¿Dónde quedaron esos ruiseñores
que habitaban los nervios de las ramas,
que ahora, medio pobres
su savia se derrama?
¡Ay árbol engullido de zozobres!
¿Por qué antes eras todo y ahora nada?
vivir a solas, un lugar perdido
en una soledad de inmundo frío
que bajo el cielo cae
nublando las razones
que bajan del cerebro como ausentes,
sobre los prados verdes con sus flores:
ven, que te espero muerte.
Preveo que seré yo el alimento
de amapolas que salgan de la tierra
que en su color engendran
sobre el podrido suelo
una muerte ocultada en sus entrañas,
un lugar de este mundo, su reflejo
bajo las tristes zarzas del olvido,
con toda podredumbre
oculta, porque luce
la muerte engañadora del camino.
Un árbol muerto yace,
mas, antes por los pájaros erguido
bajaba donde el río de agua trae
el agua de la dulce flor de tilo.
¿Dónde quedaron esos ruiseñores
que habitaban los nervios de las ramas,
que ahora, medio pobres
su savia se derrama?
¡Ay árbol engullido de zozobres!
¿Por qué antes eras todo y ahora nada?