En la gleba salpicada por el rocío de la mañana,pálidos pájaros de ensombrecido plumaje gorgojan de alegría;mientras el cielo puro pero gris filtra la luz ociosa del benigno sol de primavera.Un bello joven camina por una vereda por cuyos dos flancos despiertan de sus turbios sueños almenas de verdes cipreses;que susurran el nombre secreto de la latente naturaleza.Y es cuando la brisa conmueve las ramas de tales sublimes árboles,consagrados a la muerte,cuando se escucha el festivo eco del rompiente agua salvaje de unas cataratas no muy lejos de aquí.¡Oh!dichosa exuberancia sensorial que calmas el nimbo gaseado de los espíritus furtivos;descansa aunque sea en un instante de penumbra silenciosa bajo el humus que exhala la tierra madura,ya presta a florecer.Se siente también el susurro agraciado de las sierpes,rondando ya hacia sus madrigueras;después de una noche eterna de servicial empacho.