JuanSan
Poeta fiel al portal
Huesudas manos
detrás del telón,
última función
en el teatro romano.
Las luces se apagan,
sale el actor,
tantos ojos halagan
al vanidoso impostor.
"Comienza la fábula
del joven pastor,
que canturreaba
sin conocer el amor
y que sonreía sin pudor
a su soledad frente al sol.
Cerca de un bosque de hadas
con su rebaño merodeaba,
durante todo el año
allí caminaba,
ya no era un extraño,
pero las hadas se escondían
y escondidas se reían
de ese pastor que sólo veía
como transcurrían
las horas de su tiempo,
las hadas se escondían
y escondidas se reían,
reían porque no entendían
que el pastor
lo único que quería
era sentir todos los días
el rozar del viento
sobre su cuerpo.
La reina de las hadas
salió de su reino
y aprovechando que el mozo
tenía sus ojos durmiendo,
se abrió en su cuerpo una herida
y dejó su sangre caer
sobre la oveja que el más quería,
convirtiéndola en mujer,
tan natural como el día,
tan fresca como la ría
donde él solía beber.
Sobre él lanzó
un hechizo de pasión,
de total devoción,
de absoluto querer
y cuando sus ojos abrió
contempló enamorado
el presente que su hada le había otorgado,
morena de piel,
luceros color miel,
pelo negro y enredado
ya por siempre en su pecho tatuado.
Todavía no la había hablado
y ya sabía que ese ser
iba a ser
la prolongación de su mano"
Huesudas manos
detrás del telón,
última función
en el teatro romano.
Las luces se encienden,
sale el actor,
tantos aplausos halagan
al vanidoso impostor.
detrás del telón,
última función
en el teatro romano.
Las luces se apagan,
sale el actor,
tantos ojos halagan
al vanidoso impostor.
"Comienza la fábula
del joven pastor,
que canturreaba
sin conocer el amor
y que sonreía sin pudor
a su soledad frente al sol.
Cerca de un bosque de hadas
con su rebaño merodeaba,
durante todo el año
allí caminaba,
ya no era un extraño,
pero las hadas se escondían
y escondidas se reían
de ese pastor que sólo veía
como transcurrían
las horas de su tiempo,
las hadas se escondían
y escondidas se reían,
reían porque no entendían
que el pastor
lo único que quería
era sentir todos los días
el rozar del viento
sobre su cuerpo.
La reina de las hadas
salió de su reino
y aprovechando que el mozo
tenía sus ojos durmiendo,
se abrió en su cuerpo una herida
y dejó su sangre caer
sobre la oveja que el más quería,
convirtiéndola en mujer,
tan natural como el día,
tan fresca como la ría
donde él solía beber.
Sobre él lanzó
un hechizo de pasión,
de total devoción,
de absoluto querer
y cuando sus ojos abrió
contempló enamorado
el presente que su hada le había otorgado,
morena de piel,
luceros color miel,
pelo negro y enredado
ya por siempre en su pecho tatuado.
Todavía no la había hablado
y ya sabía que ese ser
iba a ser
la prolongación de su mano"
Huesudas manos
detrás del telón,
última función
en el teatro romano.
Las luces se encienden,
sale el actor,
tantos aplausos halagan
al vanidoso impostor.