Abraham Ferreira Khalil
Poeta recién llegado
En enorme granja
un tiempo lejano
reinaba y vivía
un vetusto asno
que hacía justicia
y era aclamado
por los animales
cual gran soberano.
Mas quiso un mal día
el destino aciago
que la hora llegara
al maltrecho asno,
quien en su agonía
habló suplicando:
“¡Oh, nobles amigos!
¡Oh, fieles vasallos!
La última llega
y al fin me ha alcanzado.
Ahora he de irme;
dejo en vuestras manos
el trono vacante
para otro mandato.
Obrad con prudencia,
sed cautos y sabios
y elegid quien mande
con gran beneplácito.”
Tras estas palabras
expiraba el asno
y más de diez días
todos le lloraron.
Al cabo de un tiempo
hubo sobresaltos
en aquella granja
aún sin soberano,
hasta que las bestias,
según lo acordaron,
nombraron monarca
a otro joven asno
vanidoso y terco,
voluble y gallardo.
Mas ay, qué sorpresa
todos se llevaron
al ver que el electo
sólo era un tirano!
A cuanto pedían
nunca hacía caso.
Sólo su provecho
buscaba, olvidando
que el vulgo animal
le había nombrado
guardián de sus vidas,
dueño de sus actos.
Así gobernaba
el despótico asno
hasta que su hora
llegó sin notarlo.
Entonces las bestias
a otro proclamaron
señor de la granja
esperando acaso
que el gozo volviera
con vientos de cambio.
Mas siguió la historia,
lo bueno y lo malo.
Y unas veces noble;
otras vil tirano,
nuestros animales
vivían el teatro.
Quien en democracia
piensa que cambiando
a los que nos rigen
cada tantos años
cumple su deber
de buen ciudadano
vive en ignorancia
y muere engañado.
Nunca de las urnas
salió mandatario
que diese el sustento
sin antes probarlo.
© Abraham Ferreira Khalil
un tiempo lejano
reinaba y vivía
un vetusto asno
que hacía justicia
y era aclamado
por los animales
cual gran soberano.
Mas quiso un mal día
el destino aciago
que la hora llegara
al maltrecho asno,
quien en su agonía
habló suplicando:
“¡Oh, nobles amigos!
¡Oh, fieles vasallos!
La última llega
y al fin me ha alcanzado.
Ahora he de irme;
dejo en vuestras manos
el trono vacante
para otro mandato.
Obrad con prudencia,
sed cautos y sabios
y elegid quien mande
con gran beneplácito.”
Tras estas palabras
expiraba el asno
y más de diez días
todos le lloraron.
Al cabo de un tiempo
hubo sobresaltos
en aquella granja
aún sin soberano,
hasta que las bestias,
según lo acordaron,
nombraron monarca
a otro joven asno
vanidoso y terco,
voluble y gallardo.
Mas ay, qué sorpresa
todos se llevaron
al ver que el electo
sólo era un tirano!
A cuanto pedían
nunca hacía caso.
Sólo su provecho
buscaba, olvidando
que el vulgo animal
le había nombrado
guardián de sus vidas,
dueño de sus actos.
Así gobernaba
el despótico asno
hasta que su hora
llegó sin notarlo.
Entonces las bestias
a otro proclamaron
señor de la granja
esperando acaso
que el gozo volviera
con vientos de cambio.
Mas siguió la historia,
lo bueno y lo malo.
Y unas veces noble;
otras vil tirano,
nuestros animales
vivían el teatro.
Quien en democracia
piensa que cambiando
a los que nos rigen
cada tantos años
cumple su deber
de buen ciudadano
vive en ignorancia
y muere engañado.
Nunca de las urnas
salió mandatario
que diese el sustento
sin antes probarlo.
© Abraham Ferreira Khalil
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