Abraham Ferreira Khalil
Poeta recién llegado
He aquí que un día un paleto
en la calle se encontró
un valiosísimo objeto
que alguien allí abandonó.
El hombre tan sorprendido
de su gran descubrimiento
gritaba cual poseído
a todos sin miramiento:
“¡Atiza, compadre! ¡Vea
qué reliquia rescaté!
¡Que aunque ninguno me crea
en la calle la encontré!”
En esto un niño pasaba
y al ver a aquel vocinglero
su ánimo le empujaba
a hablar con tal caballero.
“¿A que es objeto bonito?
-decía el chico al paleto-.
Pues yo lo he vito infinito
en ese local discreto”.
El rústico anonadado
ante esta contestación
giró su rostro enojado
y se fue con decepción.
*A veces por presumir
de cuanto desconocemos
somos el hazmerreír
de aquel a quien sorprendemos.
© Abraham Ferreira Khalil
en la calle se encontró
un valiosísimo objeto
que alguien allí abandonó.
El hombre tan sorprendido
de su gran descubrimiento
gritaba cual poseído
a todos sin miramiento:
“¡Atiza, compadre! ¡Vea
qué reliquia rescaté!
¡Que aunque ninguno me crea
en la calle la encontré!”
En esto un niño pasaba
y al ver a aquel vocinglero
su ánimo le empujaba
a hablar con tal caballero.
“¿A que es objeto bonito?
-decía el chico al paleto-.
Pues yo lo he vito infinito
en ese local discreto”.
El rústico anonadado
ante esta contestación
giró su rostro enojado
y se fue con decepción.
*A veces por presumir
de cuanto desconocemos
somos el hazmerreír
de aquel a quien sorprendemos.
© Abraham Ferreira Khalil