Évano
Libre, sin dioses.
Beatty, el verdadero Ray Bradbury,
ronda dentro y vigila al poeta.
Si fluyen palabras con sombras
—aquellas posibles causantes de dudas—,
las quema para mostrar la Palabra-Universo,
palabra latiendo por sí,
con su luz y su sombra.
Al final de los ojos ciegos
—siempre demasiado tarde— vence
la guerra de la duda de cada uno,
cuando por fin se cierran los ojos y ven
a la soberbia y la ignorancia regir
como autoritaria luz de la palabra.
El negro y rojo fuego de Beatty,
esa palabra-ceniza quemada
—como quema la sombra para ser vista—
nos ha dejado entrever el reino
de las sombras de las palabras.
El Sabueso Mecánico somos nosotros,
perros inyectando droga-superficie,
focos de luz en las hondas
siluetas oscuras que forman
la otra cara del mundo.
Sombras que se han de intuir,
palpar, imaginar, crear dentro de ti,
para que no ardan y mueran de luz,
ni se destruya la Palabra-Universo;
para que no se vea todo tan claro
en este mundo de Luces-Mierda.
ronda dentro y vigila al poeta.
Si fluyen palabras con sombras
—aquellas posibles causantes de dudas—,
las quema para mostrar la Palabra-Universo,
palabra latiendo por sí,
con su luz y su sombra.
Al final de los ojos ciegos
—siempre demasiado tarde— vence
la guerra de la duda de cada uno,
cuando por fin se cierran los ojos y ven
a la soberbia y la ignorancia regir
como autoritaria luz de la palabra.
El negro y rojo fuego de Beatty,
esa palabra-ceniza quemada
—como quema la sombra para ser vista—
nos ha dejado entrever el reino
de las sombras de las palabras.
El Sabueso Mecánico somos nosotros,
perros inyectando droga-superficie,
focos de luz en las hondas
siluetas oscuras que forman
la otra cara del mundo.
Sombras que se han de intuir,
palpar, imaginar, crear dentro de ti,
para que no ardan y mueran de luz,
ni se destruya la Palabra-Universo;
para que no se vea todo tan claro
en este mundo de Luces-Mierda.
Última edición: