En el atardecer de este día sin límites, aún te busco, pero tu “presencia” no respeta tal definición, aun así, eres como un fantasma que camina por toda la casa, siempre presente pero nunca completamente mío.
Un espíritu errante, merodeando sin tregua, abriendo y cerrando el refrigerador después de apenas tocarme, como si mi esencia no fuera lo suficiente para saciar su apetito.
Llegas tarde, otra vez. Tu cuerpo se desliza, sigiloso, sin aviso alguno. Tus pasos apenas rozan el suelo, como si flotaras, intentando no despertarme, pero siempre lo estoy, actuado o no, esperando el beso de buenas noches, ansiando el calor de tus brazos, más solo percibo tu espalda
Aun así, sigo llamándote cada noche, cuál lobo aullando a la luna, sigo mirando por la ventana, sigo mirando el televisor, el sonido de su distorsión o el dolor de cabeza que aparece cada vez que suena el tintineo de media noche en el reloj, Y ver, que aún no estás aquí
Mis ruegos caen en el vacío, como hojas secas al suelo, y en el eco de mi voz solo encuentro el eco de tu ausencia. Intento atraparte entre mis brazos, pero siempre te desvaneces, escapando de mi alcance.
Busco tu mirada, en busca de consuelo, tus ojos me evitan, ocultando sus deseos entre desvelos. Quisiera sentir de tus brazos, pero al tocar de tu cintura se achica, siempre escurridizo, como un sueño a medio día. ¿En qué parte de mi cabeza aparecerás ahora, amor? ¿Por qué te ocultas cuando percibo tu esencia?
Y sobre todo, ¿por qué cada vez que te toco pesas menos?
Un espíritu errante, merodeando sin tregua, abriendo y cerrando el refrigerador después de apenas tocarme, como si mi esencia no fuera lo suficiente para saciar su apetito.
Llegas tarde, otra vez. Tu cuerpo se desliza, sigiloso, sin aviso alguno. Tus pasos apenas rozan el suelo, como si flotaras, intentando no despertarme, pero siempre lo estoy, actuado o no, esperando el beso de buenas noches, ansiando el calor de tus brazos, más solo percibo tu espalda
Aun así, sigo llamándote cada noche, cuál lobo aullando a la luna, sigo mirando por la ventana, sigo mirando el televisor, el sonido de su distorsión o el dolor de cabeza que aparece cada vez que suena el tintineo de media noche en el reloj, Y ver, que aún no estás aquí
Mis ruegos caen en el vacío, como hojas secas al suelo, y en el eco de mi voz solo encuentro el eco de tu ausencia. Intento atraparte entre mis brazos, pero siempre te desvaneces, escapando de mi alcance.
Busco tu mirada, en busca de consuelo, tus ojos me evitan, ocultando sus deseos entre desvelos. Quisiera sentir de tus brazos, pero al tocar de tu cintura se achica, siempre escurridizo, como un sueño a medio día. ¿En qué parte de mi cabeza aparecerás ahora, amor? ¿Por qué te ocultas cuando percibo tu esencia?
Y sobre todo, ¿por qué cada vez que te toco pesas menos?