cesar curiel
Poeta que considera el portal su segunda casa
Es tarde para reminiscencias pardas
en donde el jaguar acaricia
con su lengua la sombra
de tu perfume.
Tres desveladas y soy cadáver
a la puerta de tus piernas,
imaginando rezos en cúpulas
de vidrio,
sotanas de colores
sepultando infantes.
¿Y tú...? ¡Ahí!
Entre espejos que reflejan
tu belleza
y la angustia de letras
que forjan tus labios
construyendo palabras muertas.
Desmembrando versos
ante la apología de mis ojos
con rimas fugaces que el tiempo se lleva
en la distancia de tu mar abierto.
Tu niña interna llorando
desde el sepulcro de una matriz dormida,
con una esfera que brilla
en mi reflejo de animal herido.
¡Moriste!
Pero rescato de ti
el ambiguo manjar
de tu risa
tú, mi amiga
la eterna diáfana
que ilumina mi portón oblicuo,
la demencia que dejas
en mí con gemidos
de cierva herida.
Y sigo, prosigo en la tenas
lucha de saciar tu cuerpo
que me calcina
mientras duermo,
tus pies vuelan sigilosos a mi encuentro;
despierto..., y ya te has ido.
en donde el jaguar acaricia
con su lengua la sombra
de tu perfume.
Tres desveladas y soy cadáver
a la puerta de tus piernas,
imaginando rezos en cúpulas
de vidrio,
sotanas de colores
sepultando infantes.
¿Y tú...? ¡Ahí!
Entre espejos que reflejan
tu belleza
y la angustia de letras
que forjan tus labios
construyendo palabras muertas.
Desmembrando versos
ante la apología de mis ojos
con rimas fugaces que el tiempo se lleva
en la distancia de tu mar abierto.
Tu niña interna llorando
desde el sepulcro de una matriz dormida,
con una esfera que brilla
en mi reflejo de animal herido.
¡Moriste!
Pero rescato de ti
el ambiguo manjar
de tu risa
tú, mi amiga
la eterna diáfana
que ilumina mi portón oblicuo,
la demencia que dejas
en mí con gemidos
de cierva herida.
Y sigo, prosigo en la tenas
lucha de saciar tu cuerpo
que me calcina
mientras duermo,
tus pies vuelan sigilosos a mi encuentro;
despierto..., y ya te has ido.