La piel joven aun
se pinta de lunaritos marrones.
Las arrugas finas
recorren las manos blancas
entrelazándose con las azules venas
dándole relieve
al envés de las delgadas extremidades.
Los dedos
bailan ágiles al son de la voz,
o detrás de un quehacer cualquiera.
Se afanan a veces
en la tierra de las plantas,
pelean con el teclado del ordenador…
Disfrutan siempre
con las caricias lentas, calidas.
Son la ejecución de los pensamientos,
la prolongación de muchos de los deseos,
la desazón de algunos roces,
y el amor…
se pinta de lunaritos marrones.
Las arrugas finas
recorren las manos blancas
entrelazándose con las azules venas
dándole relieve
al envés de las delgadas extremidades.
Los dedos
bailan ágiles al son de la voz,
o detrás de un quehacer cualquiera.
Se afanan a veces
en la tierra de las plantas,
pelean con el teclado del ordenador…
Disfrutan siempre
con las caricias lentas, calidas.
Son la ejecución de los pensamientos,
la prolongación de muchos de los deseos,
la desazón de algunos roces,
y el amor…
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