Jairo Castillo Romerin
Poeta adicto al portal
FINITUDES
Cuanta devoción sobre esta barda.
Me asomo raudo a los orígenes
para degustar un mayor silencio.
Callo, porque callar invade
todos los territorios develados por el fuego.
Se abre a escasos milímetros la hebra
que del corazón conduce a la sapiencia.
Ir como entrando
a un viejo templo despoblado
que desde siempre me ha esperado
con su altar de mármol y de ritos,
su denso incensario que atraviesa
las naves púrpuras en medio de penumbras.
Sí, ese hallazgo de la serenidad
sintiendo la finitud de quien expira
y se sabe indigno,
soberano de un país de nadas impasibles.
Cuanta devoción sobre esta barda.
Me asomo raudo a los orígenes
para degustar un mayor silencio.
Callo, porque callar invade
todos los territorios develados por el fuego.
Se abre a escasos milímetros la hebra
que del corazón conduce a la sapiencia.
Ir como entrando
a un viejo templo despoblado
que desde siempre me ha esperado
con su altar de mármol y de ritos,
su denso incensario que atraviesa
las naves púrpuras en medio de penumbras.
Sí, ese hallazgo de la serenidad
sintiendo la finitud de quien expira
y se sabe indigno,
soberano de un país de nadas impasibles.
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