Flaquita

Vevero

Poeta reconocida en el portal
No tenía ganas de cocinar; en realidad, no tenía ganas de nada, se había pasado toda la tarde tirada en la cama, mirando las películas más triste que pudo encontrar para poder dejar fluir sus lágrimas sin culpa. Se sentía al borde del precipicio y estaba por saltar; con las puntas de los dedos de los pies en el límite entre el trampolín y el vacio del aire, pero ella no era clavadista y apenas sabía nadar...
Esa mañana se había fumado sus últimos meses con unos cuantos cigarrillos, si la vieran ahora los que la creían atractiva y seductora, sólo encontrarían una mujer derrumbada, oscura, inhabitable. No alcanzaba a comprender la vorágine en que se había sentido en la última semana, sabía que eso le podía pasar , pero no le importó y se subió al tobogán más alto que encontró, ignoraba el vértigo que este hecho le podía producir y a pesar de sentirse mareada, se entregó a las alturas. Y una vez allí, descubrió que le temía a la caída y prefirió retroceder, y lo hizo pero a medias y a tientas esperando que alguien le tendiese una mano que no la dejara ceder y – como siempre – se sintió sola, tal vez más sola que otras veces...
Cuando las sombras ya inundaban todas las calles y los que regresan a sus casa emprenden la vuelta de sus trabajos, se levantó, se lavó la cara con agua fría como si ésta fuera a borrarle las dudas, se reacomodó el pelo como pudo y se llegó hasta el comedor donde sus hijos habían aprovechado a acampar mientras ella sin ganas desandaba sus días; lo ordenó, lo barrió y se puso a cocinar. Su esposo debería llegar en cualquier momento, pero ella sólo pensaba de qué manera iba a afrontar la noche junto a él. No era cualquier noche, ni siquiera era una noche especial; era la noche en que ella – sin saberlo – había torcido su destino.
Silenciosa preparó la cena a la que sin querer le traspasó todo el sinsabor y la acidez en que se veía abatida; para cuando su marido atravesó la puerta, exteriormente ella no estaba cambiada, se notaba cansada y cuando él se lo hizo notar, ella alegó un simple comentario que incluía una leve referencia a la gripe que circulaba en su entorno por el clima. Lo abrazó y se quedó pegada a su pecho (sintiendo un cuerpo que no era el de él) por unos minutos mientras se preguntaba si eso duraría para siempre.
Cenaron mirando un partido de fútbol, al que ella agradeció profundamente la oportunidad de darle varios momentos de soledad para poder pensar en aquel que había dejado pasar. No sabía cómo se había encarnado tanto en su vida, pero ahí estaba, seguramente pensando en ella sin entenderla, a pesar de que le había asegurado que era capaz de jugarse entero, de apostarlo todo, de suavizarle las caídas que sus tropiezos le propinasen, pero que también sabía y dolorosamente había sabido dar mil pasos hacia atrás. Ahora ella en su cocina se sentía más sola y desprotegida, ya no tenía brazos que la cuidaran, ni palabras que la mimaran, tampoco habría miradas que la encendieran ni labios que la besaran.
Las horas se teñían cada vez de mayor oscuridad, y ella seguía amotinada en su cocina, alejada de todo, acompañada de una copa de anís que la invitara a dormir, soñar era imposible; desear, una inalcanzable sensación que su razón le negaba y a pesar de eso lo imaginaba invitándola a animarse a descubrir el futuro juntos; lo imaginaba entero, controlado pero angustiado sin ese brillo tan especial que su mirada tenía, mirando el mismo partido de fútbol que su marido. Se prendió el último cigarrillo, lo fumó lentamente como disfrutando de algo prohibido, meditando si podía pasar el resto de los largos días de su vida recordando todos los “flaquita” que se habían perdido. Una lágrima intentó escaparse de su cara, pero sólo llegó a morir en su boca como si fuese un último beso, la lamió y la atesoró en su interior porque ella intuía que, de esta batalla, ninguna cicatriz podía reflejarse en su exterior.
 
Última edición:
Supongo que la protagonista de tu historia deberá "aprender a bailar bajo la lluvia", acabar de fumarse los recuerdos, sin tragarse el humo y volver al ruedo. No queda otra.

Uff!! Cuánta tristeza de desprende de estas líneas...

Un beso enorme y estrellitas muuuuy luminosas, amiga.
 
Oh, me encantó tu prosa, Vero!Impregnada de un realismo mágico muy logrado.
La dura resignación final, el proceso primero de desear una muerte que no arregla nada. Las múltiples "flaquitas" recorriendo los pasillos de la memoria del corazón que anhela vivir para recordar.
Muy bello escrito, propio de tu pluma, amiga y Poetisa!
Besos y millones de estrellas!
 
Supongo que la protagonista de tu historia deberá "aprender a bailar bajo la lluvia", acabar de fumarse los recuerdos, sin tragarse el humo y volver al ruedo. No queda otra.

Uff!! Cuánta tristeza de desprende de estas líneas...

Un beso enorme y estrellitas muuuuy luminosas, amiga.
gracias Lluvia por tus palabras
besos
 
Oh, me encantó tu prosa, Vero!Impregnada de un realismo mágico muy logrado.
La dura resignación final, el proceso primero de desear una muerte que no arregla nada. Las múltiples "flaquitas" recorriendo los pasillos de la memoria del corazón que anhela vivir para recordar.
Muy bello escrito, propio de tu pluma, amiga y Poetisa!
Besos y millones de estrellas!
Gracias AMiga, es un texto un poquito añejado que saqué del cajón de los recuerdos, puede ser que algo de realismo mágico tenga porque lo había escrito junto con otros después de leer mucha literatura de esa época.
besos
 
La fuerza de la costumbre, a veces, nos hace tan esclavos de nosotros, que una sola sonrisa, nos haría palidecer de emoción. Despertar de esa emoción y vernos atados a la vida cotidiana, puede resultar fatal, para una mente que quería más en la vida y está atada a lo que tiene... aunque a veces, se agradezca la soledad de los partidos de futbol...

muy bien redactado y muy profundo el pensamiento de la "flaquita". gusto en tenerte para leer. un besazo
 
Pero niña, esta Prosa está fabulosa, invitas a tus rincones, o a los rincones
de "ella" y llevas al alma una emoción tan fuerte que sólo quien la ha experimentado
puede comprender en toda su dimensión; no quedó detalle sin incluir y hasta me emocioné al leer
y sin tener marido, pero hay tristeza, melancolía grande y si otra melancolía lee, es seguro
que queda impávida como he quedado yo. Gracias Vevero por compartir tanta sensibilidad
que a muchos identifica.
Eres una gran escritora poeta, mis respetos

Gracias Margarita, siempre es bienvenido tu paso por mis escritos y el detalle con que lees atenta y reflexionas.
besos
 
Uyy! Cuanto realismo, el buen decir de una buena escritora, pones frente a mi, con tus letras cada escenario mas claro y mas iluminado que mi propia cocina. Un excelente personaje que por un dia en la vida, pueda que todas hallamos sido.
Un placer leerte, y un orgullo ser tu amiga: ISABEL
 
La fuerza de la costumbre, a veces, nos hace tan esclavos de nosotros, que una sola sonrisa, nos haría palidecer de emoción. Despertar de esa emoción y vernos atados a la vida cotidiana, puede resultar fatal, para una mente que quería más en la vida y está atada a lo que tiene... aunque a veces, se agradezca la soledad de los partidos de futbol...

muy bien redactado y muy profundo el pensamiento de la "flaquita". gusto en tenerte para leer. un besazo
Gracias francisco por tu paso
abrazos
 
Uyy! Cuanto realismo, el buen decir de una buena escritora, pones frente a mi, con tus letras cada escenario mas claro y mas iluminado que mi propia cocina. Un excelente personaje que por un dia en la vida, pueda que todas hallamos sido.
Un placer leerte, y un orgullo ser tu amiga: ISABEL
Gracias Amiga, el orgullo es mio
besos
 
Querida amiga....he leído varias veces tu prosa, encierra tristeza, desilusión y nostalgia, pero también transmite lo que a muchas les pasa...que ciertas expectativas se derrumban cuando se enfrentan a la realidad. No importa, esos momentos todas lo tenemos, solo es cuestión de "despertar" analizar tu entorno de nuevo y darle matices nuevos a lo que se tiene delante de uno, y a veces....no lo vemos. Espero la sacudida haya sido una lección de sabiduría.... Besos muchos por darme la oportunidad de leer tu interesante prosa. CRIS
 
No tenía ganas de cocinar; en realidad, no tenía ganas de nada, se había pasado toda la tarde tirada en la cama, mirando las películas más triste que pudo encontrar para poder dejar fluir sus lágrimas sin culpa. Se sentía al borde del precipicio y estaba por saltar; con las puntas de los dedos de los pies en el límite entre el trampolín y el vacio del aire, pero ella no era clavadista y apenas sabía nadar...
Esa mañana se había fumado sus últimos meses con unos cuantos cigarrillos, si la vieran ahora los que la creían atractiva y seductora, sólo encontrarían una mujer derrumbada, oscura, inhabitable. No alcanzaba a comprender la vorágine en que se había sentido en la última semana, sabía que eso le podía pasar , pero no le importó y se subió al tobogán más alto que encontró, ignoraba el vértigo que este hecho le podía producir y a pesar de sentirse mareada, se entregó a las alturas. Y una vez allí, descubrió que le temía a la caída y prefirió retroceder, y lo hizo pero a medias y a tientas esperando que alguien le tendiese una mano que no la dejara ceder y – como siempre – se sintió sola, tal vez más sola que otras veces...
Cuando las sombras ya inundaban todas las calles y los que regresan a sus casa emprenden la vuelta de sus trabajos, se levantó, se lavó la cara con agua fría como si ésta fuera a borrarle las dudas, se reacomodó el pelo como pudo y se llegó hasta el comedor donde sus hijos habían aprovechado a acampar mientras ella sin ganas desandaba sus días; lo ordenó, lo barrió y se puso a cocinar. Su esposo debería llegar en cualquier momento, pero ella sólo pensaba de qué manera iba a afrontar la noche junto a él. No era cualquier noche, ni siquiera era una noche especial; era la noche en que ella – sin saberlo – había torcido su destino.
Silenciosa preparó la cena a la que sin querer le traspasó todo el sinsabor y la acidez en que se veía abatida; para cuando su marido atravesó la puerta, exteriormente ella no estaba cambiada, se notaba cansada y cuando él se lo hizo notar, ella alegó un simple comentario que incluía una leve referencia a la gripe que circulaba en su entorno por el clima. Lo abrazó y se quedó pegada a su pecho (sintiendo un cuerpo que no era el de él) por unos minutos mientras se preguntaba si eso duraría para siempre.
Cenaron mirando un partido de fútbol, al que ella agradeció profundamente la oportunidad de darle varios momentos de soledad para poder pensar en aquel que había dejado pasar. No sabía cómo se había encarnado tanto en su vida, pero ahí estaba, seguramente pensando en ella sin entenderla, a pesar de que le había asegurado que era capaz de jugarse entero, de apostarlo todo, de suavizarle las caídas que sus tropiezos le propinasen, pero que también sabía y dolorosamente había sabido dar mil pasos hacia atrás. Ahora ella en su cocina se sentía más sola y desprotegida, ya no tenía brazos que la cuidaran, ni palabras que la mimaran, tampoco habría miradas que la encendieran ni labios que la besaran.
Las horas se teñían cada vez de mayor oscuridad, y ella seguía amotinada en su cocina, alejada de todo, acompañada de una copa de anís que la invitara a dormir, soñar era imposible; desear, una inalcanzable sensación que su razón le negaba y a pesar de eso lo imaginaba invitándola a animarse a descubrir el futuro juntos; lo imaginaba entero, controlado pero angustiado sin ese brillo tan especial que su mirada tenía, mirando el mismo partido de fútbol que su marido. Se prendió el último cigarrillo, lo fumó lentamente como disfrutando de algo prohibido, meditando si podía pasar el resto de los largos días de su vida recordando todos los “flaquita” que se habían perdido. Una lágrima intentó escaparse de su cara, pero sólo llegó a morir en su boca como si fuese un último beso, la lamió y la atesoró en su interior porque ella intuía que, de esta batalla, ninguna cicatriz podía reflejarse en su exterior.[/QUOTE

Triste historia sacada de recuerdos
un placer leerte
mis estrellas para ti
un abrazo con mis alas abiertas
 
Querida amiga....he leído varias veces tu prosa, encierra tristeza, desilusión y nostalgia, pero también transmite lo que a muchas les pasa...que ciertas expectativas se derrumban cuando se enfrentan a la realidad. No importa, esos momentos todas lo tenemos, solo es cuestión de "despertar" analizar tu entorno de nuevo y darle matices nuevos a lo que se tiene delante de uno, y a veces....no lo vemos. Espero la sacudida haya sido una lección de sabiduría.... Besos muchos por darme la oportunidad de leer tu interesante prosa. CRIS
Gracias cris por el detenimiento con que leiste y comentaste.
Besos Amiga
 
No tenía ganas de cocinar; en realidad, no tenía ganas de nada, se había pasado toda la tarde tirada en la cama, mirando las películas más triste que pudo encontrar para poder dejar fluir sus lágrimas sin culpa. Se sentía al borde del precipicio y estaba por saltar; con las puntas de los dedos de los pies en el límite entre el trampolín y el vacio del aire, pero ella no era clavadista y apenas sabía nadar...
Esa mañana se había fumado sus últimos meses con unos cuantos cigarrillos, si la vieran ahora los que la creían atractiva y seductora, sólo encontrarían una mujer derrumbada, oscura, inhabitable. No alcanzaba a comprender la vorágine en que se había sentido en la última semana, sabía que eso le podía pasar , pero no le importó y se subió al tobogán más alto que encontró, ignoraba el vértigo que este hecho le podía producir y a pesar de sentirse mareada, se entregó a las alturas. Y una vez allí, descubrió que le temía a la caída y prefirió retroceder, y lo hizo pero a medias y a tientas esperando que alguien le tendiese una mano que no la dejara ceder y – como siempre – se sintió sola, tal vez más sola que otras veces...
Cuando las sombras ya inundaban todas las calles y los que regresan a sus casa emprenden la vuelta de sus trabajos, se levantó, se lavó la cara con agua fría como si ésta fuera a borrarle las dudas, se reacomodó el pelo como pudo y se llegó hasta el comedor donde sus hijos habían aprovechado a acampar mientras ella sin ganas desandaba sus días; lo ordenó, lo barrió y se puso a cocinar. Su esposo debería llegar en cualquier momento, pero ella sólo pensaba de qué manera iba a afrontar la noche junto a él. No era cualquier noche, ni siquiera era una noche especial; era la noche en que ella – sin saberlo – había torcido su destino.
Silenciosa preparó la cena a la que sin querer le traspasó todo el sinsabor y la acidez en que se veía abatida; para cuando su marido atravesó la puerta, exteriormente ella no estaba cambiada, se notaba cansada y cuando él se lo hizo notar, ella alegó un simple comentario que incluía una leve referencia a la gripe que circulaba en su entorno por el clima. Lo abrazó y se quedó pegada a su pecho (sintiendo un cuerpo que no era el de él) por unos minutos mientras se preguntaba si eso duraría para siempre.
Cenaron mirando un partido de fútbol, al que ella agradeció profundamente la oportunidad de darle varios momentos de soledad para poder pensar en aquel que había dejado pasar. No sabía cómo se había encarnado tanto en su vida, pero ahí estaba, seguramente pensando en ella sin entenderla, a pesar de que le había asegurado que era capaz de jugarse entero, de apostarlo todo, de suavizarle las caídas que sus tropiezos le propinasen, pero que también sabía y dolorosamente había sabido dar mil pasos hacia atrás. Ahora ella en su cocina se sentía más sola y desprotegida, ya no tenía brazos que la cuidaran, ni palabras que la mimaran, tampoco habría miradas que la encendieran ni labios que la besaran.
Las horas se teñían cada vez de mayor oscuridad, y ella seguía amotinada en su cocina, alejada de todo, acompañada de una copa de anís que la invitara a dormir, soñar era imposible; desear, una inalcanzable sensación que su razón le negaba y a pesar de eso lo imaginaba invitándola a animarse a descubrir el futuro juntos; lo imaginaba entero, controlado pero angustiado sin ese brillo tan especial que su mirada tenía, mirando el mismo partido de fútbol que su marido. Se prendió el último cigarrillo, lo fumó lentamente como disfrutando de algo prohibido, meditando si podía pasar el resto de los largos días de su vida recordando todos los “flaquita” que se habían perdido. Una lágrima intentó escaparse de su cara, pero sólo llegó a morir en su boca como si fuese un último beso, la lamió y la atesoró en su interior porque ella intuía que, de esta batalla, ninguna cicatriz podía reflejarse en su exterior.

Vero, bella y escritora, pues se nota que has leido mucho, notable es que sabes escribir, sobresaliente es que lates y vibras y nos haces vibrar y sentir a nosotros. Evidente que no te gusta el futbol, porque le sacas la parte positiva que es sobrevivir, no vivir. Fumar no es bueno es mejor comer, tragar, lamer, en fín reina mía un sinfín de olores y aromas que nos has dejado desde la calle a la cocina. Sufrida mujer, (general) benditas seais, que vuestras propias lágrimas os tragais, pocos hombres lo hacen, quizás yo sea uno, quizás llueva algún día café, yo prefiría ázucar.

Te adorno con estrellas y con mi latir vital te adorno la cocina, para que en ella te fumes mi paz...
En ti quedo.
Vidal
 
Francamente me gusto la manera de expresar tantos sentimientos juntos, un abrazote
 
.
Precioso relato Vevero, un fumarse la vida con esos cigarros. Muchos se sentirán identificados con ello, muchos tienen esa sensación de vacío y soledad a la que versas.

Felicitaciones y estrellas.

Petonets,
 
Vero, bella y escritora, pues se nota que has leido mucho, notable es que sabes escribir, sobresaliente es que lates y vibras y nos haces vibrar y sentir a nosotros. Evidente que no te gusta el futbol, porque le sacas la parte positiva que es sobrevivir, no vivir. Fumar no es bueno es mejor comer, tragar, lamer, en fín reina mía un sinfín de olores y aromas que nos has dejado desde la calle a la cocina. Sufrida mujer, (general) benditas seais, que vuestras propias lágrimas os tragais, pocos hombres lo hacen, quizás yo sea uno, quizás llueva algún día café, yo prefiría ázucar.

Te adorno con estrellas y con mi latir vital te adorno la cocina, para que en ella te fumes mi paz...
En ti quedo.
Vidal
Gracias Vidal, que bueno es reencontrarse con tus comentarios tan llenos de luz y cariños
besos miles
 

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