Gilmar Antonio
Poeta recién llegado
Noble señor, de modestas conductas,
¿Con quién caminas, cuando se te ve solitario,
En las calles desiertas de multitud?
¿Cómo te escapas de los zancudos dejándote, siempre, picar?
Se te veía sonriendo sin excesivas pirotecnias,
Adjudicándote las envidias como humildes medallas,
Y soterradas en un rincón de tu galaxia,
Sellada a fuego en tu alma.
Hace tiempo que has dejado de venir,
y el agua no se revuelve con la misma intensidad,
¿Qué mirabas, entonces, cuando mirabas al mar?
Lo que sea aquello, ya no está.
A veces te oigo gritarme,
y cuando me apunto,
Ha sido otro de los malos sueños;
Esos que te avisan que algo estuvo y no volverá jamás.
¿Con quién caminas, cuando se te ve solitario,
En las calles desiertas de multitud?
¿Cómo te escapas de los zancudos dejándote, siempre, picar?
Se te veía sonriendo sin excesivas pirotecnias,
Adjudicándote las envidias como humildes medallas,
Y soterradas en un rincón de tu galaxia,
Sellada a fuego en tu alma.
Hace tiempo que has dejado de venir,
y el agua no se revuelve con la misma intensidad,
¿Qué mirabas, entonces, cuando mirabas al mar?
Lo que sea aquello, ya no está.
A veces te oigo gritarme,
y cuando me apunto,
Ha sido otro de los malos sueños;
Esos que te avisan que algo estuvo y no volverá jamás.