sergio Bermúdez
Poeta que considera el portal su segunda casa
Florecer desde los labios extensos, que se introducen en el alma de una luz, que se acentúa en las estrellas para bailar entre las almas de lunas que se crecen en los laberintos como la espuma cuando causa el impacto del sol, cuando se abren las puertas del dormitorio y se enciende una luz, en el plano de las sombras se ve como los suspiros se vuelven gotas de almas, se ve que las almas lloran en la niebla en el puente de la luz, en el momento en el que se escriben que se quedan los círculos de los sueños metidos en una onda que se adueña de cada viento, que se avecina la luz de las flores, que despiertan a los corazones y los hacen ángeles, se ve que despiertan a la llama de un vapor que se intensifica y que se adueña de cada lado, que se encuentra dormida la luna en el incienso, que el sol se aparta del fuego y se bebe a un sueño para soñar en sus ojos, se calcula que la imagen de un buen abrazo se contagia en las campanadas de las luces y de las voces. Se acompaña las miradas en la suerte que se refleja en cada lado de las huellas de la luna, esta queda reflejada en la imagen del cielo y del agua. Se queda todo en el reflejo de una sonrisa y en la altura de una montaña para bajar hasta tocar a las esperadas hadas, que llevan su amor y hacen volar a las miradas para fundir a las sonrisas y dejarlas en en el mensaje de la calma, no pierde su estribillo, se canta en su voz que las pausas del destino son el ejemplo de un buen sueño cultivado por las letras reencarnadas en un destino.