Siento pena por ti
te han arrastrado a mi mundo
de flores incoloras en macetas de plástico gris
donde circula gente despeinada y sucia,
sátiros y ninfas errando tristemente en el andén;
iluminada por la titubeante luz de un triste día
la mañana se anuncia mostrando sus miserias
brama en la calle el ruido del lamento,
la lluvia azota las ventanas y entra un aire helado
en el desorden de una casa hace tiempo abandonada;
sobre una cama llena de libros y de ropa,
te has despojado del mezquino tesoro del descanso
y te paseas por oscuros corredores
en el abismo que se abre a cada paso
sobre tus pies descalzos;
se escucha el latido de un corazón agozado
la vacilación del pulso, la respiración entrecortada,
detrás de las puertas habitan seres desdichados y oscuros,
almas envilecidas por la soledad y la pobreza.
Se escapa un aroma de humedad
gimen los goznes oxidados de las puertas
como lamentos de las almas en pena
que han despertado de un profundo sueño;
dejo caer mi cuerpo en el sofá
temo moverme preso de mis pensamientos
cada segundo aumenta más esta tensión
no quiero respirar, ni pensar lo que vendrá
me han seducido la soledad y el abandono
de un viaje sin retorno;
la ciudad amanece “enratonada”,
me asomo y miro las calles desiertas
y las ventanas cerradas como jaulas
ocultando no sé qué, ni a quién;
tomo un café para vencer el sueño
que me han causado las noches y el insomnio
las colillas van cayendo sobre el suelo
mezclándose con el polvo y los insectos
que colonizan lo que alguna vez fue nuestro;
suena el arpegio en este viejo piano
perforando la quietud mis oídos,
profanando el silencio;
sigo sentado mirando el instrumento
sé que no tengo la menor inspiración
ni sé hasta dónde llegarán mis notas desafinadas
que lloran al cortarse con el aire
que claman olvidar la antinomia
de esta realidad morbosa
atrapada en un reloj que detuvo el tiempo,
emitiendo su sonido como un eco
al compás un corazón convulsionado.
Retira el moho de un papel descolorido
toma los avíos de esta frágil memoria
escribe con fuego y sangre esta historia
la ciencia sólo sirve para prolongar el dolor
lo sé, lo he visto y sentido,
aterrado, completamente fueera de mí,
haciendo un esfuerzo para recuperar el frío de mi sangre
al verla sufrir;
en mi alma se mezclaron desesperación y rabia
puerta tras puerta las paredes se acercaron un poco más
hasta que llegó el momento que ya no sentí el respiro
extendí mis manos tanteando en las tinieblas
con el espíritu cada vez más vacío de ideas
y toqué algo
y me quedé de pie, inmóvil, sudando por el miedo
perdiendo para siempre la razón;
hay cosas que me distraen de lo que he venido a hacer
estoy perdido en esta tierra de nadie
con los ojos entornados recorro esta habitación,
descolorida, húmeda, deteriorada,
apresurado por capturar mis recuerdos;
miré su sitio vacío y luego pensé
si el cielo existe debe estar lejos,
muy lejos de aquí;
todo comienza con la sangre de la tierra
son las fuerzas de la naturaleza las que nos doblegan,
con curiosidad mórbida y la mirada llena de inquietud
encuentro en la memoria ciertos rasgos de mi alter ego
yo sabía reír,
sabía amar,
disfrutar de la vida cotidiana
pero el sillón al otro extremo del umbral,
deja el espíritu atormentado en su secreto
procurando un rayo de luz en los recuerdos
porque no estás…
te han arrastrado a mi mundo
de flores incoloras en macetas de plástico gris
donde circula gente despeinada y sucia,
sátiros y ninfas errando tristemente en el andén;
iluminada por la titubeante luz de un triste día
la mañana se anuncia mostrando sus miserias
brama en la calle el ruido del lamento,
la lluvia azota las ventanas y entra un aire helado
en el desorden de una casa hace tiempo abandonada;
sobre una cama llena de libros y de ropa,
te has despojado del mezquino tesoro del descanso
y te paseas por oscuros corredores
en el abismo que se abre a cada paso
sobre tus pies descalzos;
se escucha el latido de un corazón agozado
la vacilación del pulso, la respiración entrecortada,
detrás de las puertas habitan seres desdichados y oscuros,
almas envilecidas por la soledad y la pobreza.
Se escapa un aroma de humedad
gimen los goznes oxidados de las puertas
como lamentos de las almas en pena
que han despertado de un profundo sueño;
dejo caer mi cuerpo en el sofá
temo moverme preso de mis pensamientos
cada segundo aumenta más esta tensión
no quiero respirar, ni pensar lo que vendrá
me han seducido la soledad y el abandono
de un viaje sin retorno;
la ciudad amanece “enratonada”,
me asomo y miro las calles desiertas
y las ventanas cerradas como jaulas
ocultando no sé qué, ni a quién;
tomo un café para vencer el sueño
que me han causado las noches y el insomnio
las colillas van cayendo sobre el suelo
mezclándose con el polvo y los insectos
que colonizan lo que alguna vez fue nuestro;
suena el arpegio en este viejo piano
perforando la quietud mis oídos,
profanando el silencio;
sigo sentado mirando el instrumento
sé que no tengo la menor inspiración
ni sé hasta dónde llegarán mis notas desafinadas
que lloran al cortarse con el aire
que claman olvidar la antinomia
de esta realidad morbosa
atrapada en un reloj que detuvo el tiempo,
emitiendo su sonido como un eco
al compás un corazón convulsionado.
Retira el moho de un papel descolorido
toma los avíos de esta frágil memoria
escribe con fuego y sangre esta historia
la ciencia sólo sirve para prolongar el dolor
lo sé, lo he visto y sentido,
aterrado, completamente fueera de mí,
haciendo un esfuerzo para recuperar el frío de mi sangre
al verla sufrir;
en mi alma se mezclaron desesperación y rabia
puerta tras puerta las paredes se acercaron un poco más
hasta que llegó el momento que ya no sentí el respiro
extendí mis manos tanteando en las tinieblas
con el espíritu cada vez más vacío de ideas
y toqué algo
y me quedé de pie, inmóvil, sudando por el miedo
perdiendo para siempre la razón;
hay cosas que me distraen de lo que he venido a hacer
estoy perdido en esta tierra de nadie
con los ojos entornados recorro esta habitación,
descolorida, húmeda, deteriorada,
apresurado por capturar mis recuerdos;
miré su sitio vacío y luego pensé
si el cielo existe debe estar lejos,
muy lejos de aquí;
todo comienza con la sangre de la tierra
son las fuerzas de la naturaleza las que nos doblegan,
con curiosidad mórbida y la mirada llena de inquietud
encuentro en la memoria ciertos rasgos de mi alter ego
yo sabía reír,
sabía amar,
disfrutar de la vida cotidiana
pero el sillón al otro extremo del umbral,
deja el espíritu atormentado en su secreto
procurando un rayo de luz en los recuerdos
porque no estás…