Fragmentos para no dejarte ir

Jose Anibal Ortiz Lozada

Poeta adicto al portal
Por favor, no te vayas. Todavía quedan cafés por descubrir en esas tardes lluviosas de París que soñamos, libros abiertos con sus páginas a medio leer, esperando que nuestros dedos los recorran juntos. Quedan risas que brotan sin permiso, miradas que se cruzan y se sostienen, como puentes entre dos mundos.

No te vayas, no aún. Cada día sin ti sería como un reloj que olvidó contar las horas, como un poema incompleto, una sinfonía sin su último movimiento. Mi vida sin la tuya es un puzzle al que le faltan piezas esenciales.

Quedan tantas cosas por decir, tantos silencios por compartir. ¿Recuerdas aquellas noches en las que el universo parecía caber entre nuestras palabras susurradas? Esos momentos, quiero más de ellos, muchos más.

No te vayas, porque cada parte de mi ser se rebela contra la idea de un mañana sin tu voz, sin tu calor. La enfermedad es solo un intruso, un paréntesis en nuestra historia, no el punto final.

Quédate, aunque el miedo intente borrar nuestras huellas, aunque la incertidumbre pinte sombras en nuestras paredes. Estoy aquí, luchando con cada aliento, suplicando a los dioses o al destino, que te dejen estar, que te dejen respirar, reír, vivir.

Por favor, no te vayas. Aún tenemos primaveras por vivir, y cada primavera, una promesa de renacimiento. Aquí estoy, con las manos abiertas, el corazón en vilo, ofreciendo todo lo que tengo para que te quedes.

No te vayas. No sin ver cómo termina nuestra historia.

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Por favor, no te vayas. Todavía quedan cafés por descubrir en esas tardes lluviosas de París que soñamos, libros abiertos con sus páginas a medio leer, esperando que nuestros dedos los recorran juntos. Quedan risas que brotan sin permiso, miradas que se cruzan y se sostienen, como puentes entre dos mundos.

No te vayas, no aún. Cada día sin ti sería como un reloj que olvidó contar las horas, como un poema incompleto, una sinfonía sin su último movimiento. Mi vida sin la tuya es un puzzle al que le faltan piezas esenciales.

Quedan tantas cosas por decir, tantos silencios por compartir. ¿Recuerdas aquellas noches en las que el universo parecía caber entre nuestras palabras susurradas? Esos momentos, quiero más de ellos, muchos más.

No te vayas, porque cada parte de mi ser se rebela contra la idea de un mañana sin tu voz, sin tu calor. La enfermedad es solo un intruso, un paréntesis en nuestra historia, no el punto final.

Quédate, aunque el miedo intente borrar nuestras huellas, aunque la incertidumbre pinte sombras en nuestras paredes. Estoy aquí, luchando con cada aliento, suplicando a los dioses o al destino, que te dejen estar, que te dejen respirar, reír, vivir.

Por favor, no te vayas. Aún tenemos primaveras por vivir, y cada primavera, una promesa de renacimiento. Aquí estoy, con las manos abiertas, el corazón en vilo, ofreciendo todo lo que tengo para que te quedes.

No te vayas. No sin ver cómo termina nuestra historia.

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Todo por el amor.
Dulces letras.

Saludos
 

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