Maktú
Poeta que considera el portal su segunda casa
Ya tiende a disiparse la tormenta
-el faro casi, casi se divisa-
el orbe nos obsequia su sonrisa
envuelta en un frescor de espliego y menta.
Pasado lo peor ya la osamenta
se nutre con el calcio de la brisa;
envuelta en el milagro y de esta guisa
el alma toma cuerpo y se acrecienta.
Se agita en un sinfín de sensaciones
y en su carnalidad topa contigo
cubriéndote la piel sus emociones.
El alma –que rechaza el desabrigo-
refuerza desde dentro posiciones
por si en la Noche llega su enemigo.
De pronto se adormece la tormenta;
el cielo fue razón y fiel testigo.
-el faro casi, casi se divisa-
el orbe nos obsequia su sonrisa
envuelta en un frescor de espliego y menta.
Pasado lo peor ya la osamenta
se nutre con el calcio de la brisa;
envuelta en el milagro y de esta guisa
el alma toma cuerpo y se acrecienta.
Se agita en un sinfín de sensaciones
y en su carnalidad topa contigo
cubriéndote la piel sus emociones.
El alma –que rechaza el desabrigo-
refuerza desde dentro posiciones
por si en la Noche llega su enemigo.
De pronto se adormece la tormenta;
el cielo fue razón y fiel testigo.
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