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Fue

oscar alberdi sainz

Poeta recién llegado
Mirando por la ventana del último tren al que me subí
descubro mi rostro azul como el reflejo de mi conciencia
mirándome desde el cristal hasta tocar fondo en mis ojos.
Ya todo cuanto cambia y pasa atreves de ella
no llama mi atención como cuando fui niño
y se me asemejaba que el futuro debía ser así,
con lo que quisiera ser aun oculto, agazapado,
aguardándome tras el paisaje que contemplo
siempre nuevo de estación en estación.

Hace tanto tiempo que no recuerdo
cuando fue la ultima vez que la superficie de un charco
nos sirvió de improvisado espejo
desde el que nos miraba la ingenuidad
con sonrisa despreocupada de oreja a oreja
de ser aun inmaculados aprendices de ruiseñor.

No se, pero debió ser hace tanto tiempo
cuando escribí por última vez con la punta del dedo
sobre el vidrio como folio en el que extendía mi aliento
y en el que los inexistentes márgenes para mi imaginación
tenían como fondo el horizonte,
el monoestacional cielo de mi infancia,
el universo aun virgen de mis sueños.

Mañana quiero despertarme y saltar de mi cama;
saldré de casa sin terminar de desayunar
corriendo escalera abajo hasta reencontrare con mi calle;
allí donde descubra a otro niño se me brindara un juego
siempre nuevo, distinto, una experiencia por estrenar;
regresare agotado solo cuando se enciendan las luces de la ciudad
para que las sabanas sean ahora
la continuación de un prado siempre verde
donde reencontrarme con Ali Baba, con el capitán Nemo,
en la cubierta de un barco pirata, en el puesto de mando de un cohete
que viaja por mundos donde nunca ha estado antes nadie.

Fue hace tanto tiempo que no recuerdo
cuando vendí por primera vez mi alma al diablo,
cuando cambie mi primer sueño por algo a lo que adorar,
cuando decidí que seria más practico acatar las normas
y accedí hacerme mayor para rendirme sin condiciones
a la cruda realidad de hacer y ser como se espera de mi
edad, infernal corriente que nos arrastra
como pasajeros de un barco de papel
alejándonos de nuestra calle, de nuestros amigos,
de que este bien visto que aun saltemos en los charcos
o de que continuemos pintando con el dedo en el aire.
 
oscar, muy lindo tu escrito, me gusto mucho el final.
escribir es desnudarse.
saludos!!!! fue un placer leerte.




Mirando por la ventana del último tren al que me subí
descubro mi rostro azul como el reflejo de mi conciencia
mirándome desde el cristal hasta tocar fondo en mis ojos.
Ya todo cuanto cambia y pasa atreves de ella
no llama mi atención como cuando fui niño
y se me asemejaba que el futuro debía ser así,
con lo que quisiera ser aun oculto, agazapado,
aguardándome tras el paisaje que contemplo
siempre nuevo de estación en estación.

Hace tanto tiempo que no recuerdo
cuando fue la ultima vez que la superficie de un charco
nos sirvió de improvisado espejo
desde el que nos miraba la ingenuidad
con sonrisa despreocupada de oreja a oreja
de ser aun inmaculados aprendices de ruiseñor.

No se, pero debió ser hace tanto tiempo
cuando escribí por última vez con la punta del dedo
sobre el vidrio como folio en el que extendía mi aliento
y en el que los inexistentes márgenes para mi imaginación
tenían como fondo el horizonte,
el monoestacional cielo de mi infancia,
el universo aun virgen de mis sueños.

Mañana quiero despertarme y saltar de mi cama;
saldré de casa sin terminar de desayunar
corriendo escalera abajo hasta reencontrare con mi calle;
allí donde descubra a otro niño se me brindara un juego
siempre nuevo, distinto, una experiencia por estrenar;
regresare agotado solo cuando se enciendan las luces de la ciudad
para que las sabanas sean ahora
la continuación de un prado siempre verde
donde reencontrarme con Ali Baba, con el capitán Nemo,
en la cubierta de un barco pirata, en el puesto de mando de un cohete
que viaja por mundos donde nunca ha estado antes nadie.

Fue hace tanto tiempo que no recuerdo
cuando vendí por primera vez mi alma al diablo,
cuando cambie mi primer sueño por algo a lo que adorar,
cuando decidí que seria más practico acatar las normas
y accedí hacerme mayor para rendirme sin condiciones
a la cruda realidad de hacer y ser como se espera de mi
edad, infernal corriente que nos arrastra
como pasajeros de un barco de papel
alejándonos de nuestra calle, de nuestros amigos,
de que este bien visto que aun saltemos en los charcos
o de que continuemos pintando con el dedo en el aire.
 
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