BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Toda esta angustia terrible de vivir
frente a frente con la odisea intacta
sumergida en baños de acetileno o cuarzo
sumido en la letárgica vocación de encierro
en trazos sinuosos donde yace la palabra desterrada
la inocente palabra que cuestiona y horada
esta desazón despilfarrada las horas vomitando
el cáliz humeante la taza de té insinuándose
mis labios que golpean la marea justificando viejos proverbios
cárceles de demonios que presiden sus iras apostólicas
y en la sien un disparo de malezas y brozas aguadas
de rezumante azafrán disperso,
toda esta terrible angustia de vivir diariamente
frente a frente con la nación triturada de viejos vocablos
de aspectos renacidos de convalecientes armas que abogan
por la supresión del título y el ecuador,
la vieja maquinaria suspendida sobre el cuadro o el lienzo
los tristes atributos masculinos resueltos a producir un culto
la comparsa devoradora de hombres en su negativa mordedura,
y las uñas: ese afán de completar el círculo cotidiano.
Las hierbas escarchadas, los altos frutales derramados,
la angustia, sí, la angustia, y lo terrible de estar vivo.
Acaso en este juego infantil, dioses contra hombres,
humanos contra deidades, acometen los tigres
viejos pulmones de águila transeúnte? Yo como
los hígados, la nativa fuerza del vientre, los iracundos
ídolos paganos, las madreselvas prometidas.
Yo busqué la idealidad, la realeza suprema de la sangre,
el acomodo definitivo de una ciencia entregada a su deidad.
Y sentí de repente la dispersión de las jaulas nocturnas,
la noche en toda su derrota, siglos de luces eléctricas, neones,
y vi, la larga sierpe demorada por las montañas lineales, peones
sutiles de amplias barbas derrotadas.
Fui escanciando el lento devenir de la poesía;
un vino de lengua fácil, de atuendo enriquecido.
No puedo ver más de lo que veo, actualmente, me queman
los párpados los faros de la noche más estrellada.
©
frente a frente con la odisea intacta
sumergida en baños de acetileno o cuarzo
sumido en la letárgica vocación de encierro
en trazos sinuosos donde yace la palabra desterrada
la inocente palabra que cuestiona y horada
esta desazón despilfarrada las horas vomitando
el cáliz humeante la taza de té insinuándose
mis labios que golpean la marea justificando viejos proverbios
cárceles de demonios que presiden sus iras apostólicas
y en la sien un disparo de malezas y brozas aguadas
de rezumante azafrán disperso,
toda esta terrible angustia de vivir diariamente
frente a frente con la nación triturada de viejos vocablos
de aspectos renacidos de convalecientes armas que abogan
por la supresión del título y el ecuador,
la vieja maquinaria suspendida sobre el cuadro o el lienzo
los tristes atributos masculinos resueltos a producir un culto
la comparsa devoradora de hombres en su negativa mordedura,
y las uñas: ese afán de completar el círculo cotidiano.
Las hierbas escarchadas, los altos frutales derramados,
la angustia, sí, la angustia, y lo terrible de estar vivo.
Acaso en este juego infantil, dioses contra hombres,
humanos contra deidades, acometen los tigres
viejos pulmones de águila transeúnte? Yo como
los hígados, la nativa fuerza del vientre, los iracundos
ídolos paganos, las madreselvas prometidas.
Yo busqué la idealidad, la realeza suprema de la sangre,
el acomodo definitivo de una ciencia entregada a su deidad.
Y sentí de repente la dispersión de las jaulas nocturnas,
la noche en toda su derrota, siglos de luces eléctricas, neones,
y vi, la larga sierpe demorada por las montañas lineales, peones
sutiles de amplias barbas derrotadas.
Fui escanciando el lento devenir de la poesía;
un vino de lengua fácil, de atuendo enriquecido.
No puedo ver más de lo que veo, actualmente, me queman
los párpados los faros de la noche más estrellada.
©