AgioNIMO
NEMO
Era madera que iba quedando
húmeda en el rincón del invierno.
Era tiempo de tirarlo a la estufa,
porque para la hoguera
mejor sirven los cuentos.
El leño sabia su destino
y jugueteaba con los charcos
de agua sulfurada y de nube.
Se hundió en el colmo
del pronto fin de su sueño.
Tomó a este leño mojado,
el dueño con mirada divagante.
Constaron unas pocas palabras:
-Tu no sirves para quemar,
ni para algo estás siendo de útil.
Para que el leño por dentro
sintiera una amarga chispa
que ardía sin tregua de paz.
Quemaba, por dentro brotaba
el humo de la estufa por su cuello,
lo sentía y de este no escapaba.
De lo mojado, el leño goteaba
despedazado a paso de astillas
pero, el arder no se apaciguaba.
Tirado a la orilla de la estufa,
se arrastró hacia su leñera,
para volver a humedecer,
otra vez mas, junto el aserrín,
su cálida almohada.
húmeda en el rincón del invierno.
Era tiempo de tirarlo a la estufa,
porque para la hoguera
mejor sirven los cuentos.
El leño sabia su destino
y jugueteaba con los charcos
de agua sulfurada y de nube.
Se hundió en el colmo
del pronto fin de su sueño.
Tomó a este leño mojado,
el dueño con mirada divagante.
Constaron unas pocas palabras:
-Tu no sirves para quemar,
ni para algo estás siendo de útil.
Para que el leño por dentro
sintiera una amarga chispa
que ardía sin tregua de paz.
Quemaba, por dentro brotaba
el humo de la estufa por su cuello,
lo sentía y de este no escapaba.
De lo mojado, el leño goteaba
despedazado a paso de astillas
pero, el arder no se apaciguaba.
Tirado a la orilla de la estufa,
se arrastró hacia su leñera,
para volver a humedecer,
otra vez mas, junto el aserrín,
su cálida almohada.
Última edición: