Beckman
Poeta recién llegado
El tren de la vida podría traducirse a través de nuestros pasos,los que ya hemos dado y los que aún daremos; aquellos mismos queprolongarán nuestro largo camino de aventuras y desventuras. Porque,vaya uno donde vaya y elija la vida que elija, siempre habrápersonas que nos amarán por… y a través de… lo que somos.
Un círculo ilusorio
¿Cuánto tiempo ha pasado desde aquel día en que nos dijimos adiós y hasta pronto? ¿Cuántas estaciones se han desplegado en el sendero de cada uno desde nuestra partida? Desde aquel vuelo en direcciones distintas.
Era el momento de emigrar. Nuestra vieja casa junto a la estación, aquella donde vivíamos antaño, nos llamaba. ¿Cuánto tiempo ha pasado desde entonces…? Estoy demasiado cansado para recordarlo. Pero lo cierto es que cada uno tomó un rumbo distinto cuando el tren comenzó a silbar.
Hubo un tiempo en que hablar de todo eso calentaba el corazón. Sin embargo, hoy ya no tiene sentido. Con el tiempo, los reencuentros de nuestro círculo se han vuelto simbólicos: «Los giros cotidianos de nuestra existencia forjan nuestro espíritu, pero, lamentablemente, suelen convertirnos en extraños.»
Musa de una historia… égida de la existencia
¿Éramos nosotros o eran ellos, los ídolos de toda una generación, quienes alimentaban a la criatura…? Aquella que tenía el poder de transformar nuestros pesadillas en sueños de esperanza. ¡Oh dulce Corinne! Mujer de animalidad desbordada. Salvaje por tu manera de vivir, por tu valentía y tu tenacidad.
¡Oh Corinne! Tan indulgente fuiste, pero jamás ingenua.
Eras la única que sabía cómo llenar, con la dulzura de una alegría contagiosa y las aguas de un río apacible, nuestros abismos cavados por una nostalgia desconocida. Con el ardor de tu juvenil belleza, borrabas nuestros temores. Tú, dulce metáfora de nuestra fidelidad.
En mi memoria seguirás siendo Corinne.
Corinne, aquella deliciosa damisela de ojos penetrantes, descendida en elotoño del 68 al pueblo de nuestras errancias envueltas en bruma.Eras de esas optimistas desmesuradas, de las que se atreven aproclamar la victoria antes incluso de la génesis del combate; deaquellas que jamás se estremecen y a quienes el miedo a la derrotano roza en circunstancia alguna.
Como una joven hechicera, lograste infiltrarte en el seno de nuestra unión preservando la confianza que nos era propia y extraer,de la magnificencia de tu aura, la vida que, por fin, brotó en nuestras miradas.
Interrogantes
¿Quién eras, de dónde venías? Al igual que mis amigos, yo también habría querido conocerte mejor. Pero, ay, un encuentro como aquel solo halla su verdadera fortuna en su singularidad. A lo largo de toda una existencia, la sed de amor tornada locura y la intensidad de una libertad bebida hasta la última gota no duran más que un brevísimo instante.
Ardientes recuerdos de una adolescencia para siempre inscritos en nuestra memoria colectiva. La llegada de Corinne fue el despertar de una pubertad a la que habíamos atribuido ese nombre, título epónimode una de las más bellas canciones de un trovador rebelde llamado Bob Dylan.
Era la fuerza que nos mantenía unidos en todas nuestras peripecias. Y es aún esa potencia salvadora la que retiró el vendaje de nuestros ojos, revelándonos así nuestra riqueza intrínseca. ¿Es cierto que la edad adulta nos convierte enextraños? No lo creo. Estoy convencido de que vosotros y yo nacimos con un propósito.
Aquello sería, es verdad, algo egoísta no tener en cuenta aquienes ya no vemos, y juzgar —o peor aún, permanecer indiferentes— cuando reaparecen de pronto. Sea como fuere, si la juventud dura apenas un instante, la amistad, en cambio, suele ser eterna.
Intensos e imprevisibles fueron aquellos años. Éramos idealistas, quizá incluso un poco locos. Pero, ante todo, éramos apasionados por el trazado de nuestros destinos en el corazón de una época hoy extinguida. Nuestra juventud.
Un círculo ilusorio
¿Cuánto tiempo ha pasado desde aquel día en que nos dijimos adiós y hasta pronto? ¿Cuántas estaciones se han desplegado en el sendero de cada uno desde nuestra partida? Desde aquel vuelo en direcciones distintas.
Era el momento de emigrar. Nuestra vieja casa junto a la estación, aquella donde vivíamos antaño, nos llamaba. ¿Cuánto tiempo ha pasado desde entonces…? Estoy demasiado cansado para recordarlo. Pero lo cierto es que cada uno tomó un rumbo distinto cuando el tren comenzó a silbar.
Hubo un tiempo en que hablar de todo eso calentaba el corazón. Sin embargo, hoy ya no tiene sentido. Con el tiempo, los reencuentros de nuestro círculo se han vuelto simbólicos: «Los giros cotidianos de nuestra existencia forjan nuestro espíritu, pero, lamentablemente, suelen convertirnos en extraños.»
Musa de una historia… égida de la existencia
¿Éramos nosotros o eran ellos, los ídolos de toda una generación, quienes alimentaban a la criatura…? Aquella que tenía el poder de transformar nuestros pesadillas en sueños de esperanza. ¡Oh dulce Corinne! Mujer de animalidad desbordada. Salvaje por tu manera de vivir, por tu valentía y tu tenacidad.
¡Oh Corinne! Tan indulgente fuiste, pero jamás ingenua.
Eras la única que sabía cómo llenar, con la dulzura de una alegría contagiosa y las aguas de un río apacible, nuestros abismos cavados por una nostalgia desconocida. Con el ardor de tu juvenil belleza, borrabas nuestros temores. Tú, dulce metáfora de nuestra fidelidad.
En mi memoria seguirás siendo Corinne.
Corinne, aquella deliciosa damisela de ojos penetrantes, descendida en elotoño del 68 al pueblo de nuestras errancias envueltas en bruma.Eras de esas optimistas desmesuradas, de las que se atreven aproclamar la victoria antes incluso de la génesis del combate; deaquellas que jamás se estremecen y a quienes el miedo a la derrotano roza en circunstancia alguna.
Como una joven hechicera, lograste infiltrarte en el seno de nuestra unión preservando la confianza que nos era propia y extraer,de la magnificencia de tu aura, la vida que, por fin, brotó en nuestras miradas.
Interrogantes
¿Quién eras, de dónde venías? Al igual que mis amigos, yo también habría querido conocerte mejor. Pero, ay, un encuentro como aquel solo halla su verdadera fortuna en su singularidad. A lo largo de toda una existencia, la sed de amor tornada locura y la intensidad de una libertad bebida hasta la última gota no duran más que un brevísimo instante.
Ardientes recuerdos de una adolescencia para siempre inscritos en nuestra memoria colectiva. La llegada de Corinne fue el despertar de una pubertad a la que habíamos atribuido ese nombre, título epónimode una de las más bellas canciones de un trovador rebelde llamado Bob Dylan.
Era la fuerza que nos mantenía unidos en todas nuestras peripecias. Y es aún esa potencia salvadora la que retiró el vendaje de nuestros ojos, revelándonos así nuestra riqueza intrínseca. ¿Es cierto que la edad adulta nos convierte enextraños? No lo creo. Estoy convencido de que vosotros y yo nacimos con un propósito.
Aquello sería, es verdad, algo egoísta no tener en cuenta aquienes ya no vemos, y juzgar —o peor aún, permanecer indiferentes— cuando reaparecen de pronto. Sea como fuere, si la juventud dura apenas un instante, la amistad, en cambio, suele ser eterna.
Intensos e imprevisibles fueron aquellos años. Éramos idealistas, quizá incluso un poco locos. Pero, ante todo, éramos apasionados por el trazado de nuestros destinos en el corazón de una época hoy extinguida. Nuestra juventud.