Gustavo Arroyo
Poeta asiduo al portal
Mi océano renunció al azul,
se vistió con el amarillo más tenue
que encontró en oferta
por la subasta de las emociones.
Mi arcoíris entró en luto:
de él cuelgan ahora siete banderas
pintadas en blanco y negro.
Mi agenda canceló
todos los compromisos
sin consulta previa;
no estaba de humor para referendos.
Mi ropero vendió
los trajes de fiesta,
conformándose con prendas
tan casuales como mudas.
Mi cocina se alzó en huelga contra la sal
y se enamoró de la carne cruda;
mi jardín desechó las flores
y se entregó a los cactus con espinas.
Mis llaves ya no abren puertas,
se divorciaron de las cerraduras;
las botellas aún me embriagan,
pero ahora sin dulzura.
¿Te das cuenta cómo cambia todo
cuando decides ignorarme?
-G. Arroyo, 14/Mayo/2011-
se vistió con el amarillo más tenue
que encontró en oferta
por la subasta de las emociones.
Mi arcoíris entró en luto:
de él cuelgan ahora siete banderas
pintadas en blanco y negro.
Mi agenda canceló
todos los compromisos
sin consulta previa;
no estaba de humor para referendos.
Mi ropero vendió
los trajes de fiesta,
conformándose con prendas
tan casuales como mudas.
Mi cocina se alzó en huelga contra la sal
y se enamoró de la carne cruda;
mi jardín desechó las flores
y se entregó a los cactus con espinas.
Mis llaves ya no abren puertas,
se divorciaron de las cerraduras;
las botellas aún me embriagan,
pero ahora sin dulzura.
¿Te das cuenta cómo cambia todo
cuando decides ignorarme?
-G. Arroyo, 14/Mayo/2011-