cauterizó el humo
en las arterias del mundo.
lento, el fluir de las mareas y vidas y las eras.
volaron clandestinos los días fugitivos.
en todos los lugares de la tierra
las plantas más minúsculas
toman al fin su lugar en las paredes
para una a una resurgir de sus cenizas
-fue el fuego, la vida, y su silenciosa rebeldía de los dioses-
escondido, el poeta sigue escribiendo sus poemas de amor
en los pases del tren.
los perros románticos aúllan esta noche
bajo la inmersa luz de los castillos negros.
la luna se cobija
en los cristales rotos
agolpados sobre un muro para impedir el paso.
si desde aquí al fondo ves el oscuro mar
verás a la luna a su vera bostezando su silencio celeste.
y los suicidas y los llenos de vida,
los dormidos y los insomnes
las enredaderas y las plantas recién nacidas
los perros románticos y aulladores de poemas imposibles
y los búhos lejanos, distantes y eternos presentes
todos;
todos ellos beben de la dama que se deja soñar en los acantilados de la frontera nocturna.
-dama de plata, esencia de la vida y la destrucción, tendiendo la mano -
veréis el reflejo de los suspiros
veréis los arboles pincelando la noche y filtrando la luna hasta el suelo
veréis confusas a las libélulas cartografiar los juncos silbantes
veréis pozos perdidos en los bosque del mediterráneo
- y las piedras del pozo abandonado caen durante largos y polvorientos segundos en el silencio del tiempo perdido y abandonado-
las arañas pardas tejen de nuevo sus hebras como la luna y su luz de estrella a estrella donde solo quedará presa la luz nocturna y brillante.
ahogados en el silencio los enamorados
campos abandonados
muros medio venidos abajo -el tiempo nunca perdona-
plantas con espinas, zarzales en busca de piernas desnudas en las que besar con sangre
caminos olvidados entre las plantas y las amarillentas flores
¿acaso te sería posible olvidar?
y la luna nos perteneció en el silencio
bajo los olivos.
viste, como el espejismo de la noche
la última flor del almendro
silencioso junto a la luna
y a lo lejos, entre el mar y los montes,
la mina que lentamente devoraba la montaña
el último viento de la primavera se llevo los pétalos
tan solo quedó para nosotros el lejano verso de la cigarra
y el áureo y débil aroma de la ginesta
tras de ti, tras del muro y entre los caminos olvidados y los zarzales invitados
y tan solo puedo sonreír, al verte feliz,
pecho inchado y suspiros de satisfacción
me miras y todo duerme en silencio.
el sol saldrá,
la luna besa la frontera de los mares y deja ver, real, a la dama de la luna
besada bajo las mareas.
la noche ya no es tan oscura y el hechizo por desgracia no es eterno.
decidimos volver.
y los vientos de la hora queda traen aquella flor que se dejó llevar.
se que todavía la guardas en aquel estuche marinero donde una brújula aguarda poderte marcar el camino
y cuando pienso en ello vuelvo a sonreír como cuando nos besó la luna.
en las arterias del mundo.
lento, el fluir de las mareas y vidas y las eras.
volaron clandestinos los días fugitivos.
en todos los lugares de la tierra
las plantas más minúsculas
toman al fin su lugar en las paredes
para una a una resurgir de sus cenizas
-fue el fuego, la vida, y su silenciosa rebeldía de los dioses-
escondido, el poeta sigue escribiendo sus poemas de amor
en los pases del tren.
los perros románticos aúllan esta noche
bajo la inmersa luz de los castillos negros.
la luna se cobija
en los cristales rotos
agolpados sobre un muro para impedir el paso.
si desde aquí al fondo ves el oscuro mar
verás a la luna a su vera bostezando su silencio celeste.
y los suicidas y los llenos de vida,
los dormidos y los insomnes
las enredaderas y las plantas recién nacidas
los perros románticos y aulladores de poemas imposibles
y los búhos lejanos, distantes y eternos presentes
todos;
todos ellos beben de la dama que se deja soñar en los acantilados de la frontera nocturna.
-dama de plata, esencia de la vida y la destrucción, tendiendo la mano -
veréis el reflejo de los suspiros
veréis los arboles pincelando la noche y filtrando la luna hasta el suelo
veréis confusas a las libélulas cartografiar los juncos silbantes
veréis pozos perdidos en los bosque del mediterráneo
- y las piedras del pozo abandonado caen durante largos y polvorientos segundos en el silencio del tiempo perdido y abandonado-
las arañas pardas tejen de nuevo sus hebras como la luna y su luz de estrella a estrella donde solo quedará presa la luz nocturna y brillante.
ahogados en el silencio los enamorados
campos abandonados
muros medio venidos abajo -el tiempo nunca perdona-
plantas con espinas, zarzales en busca de piernas desnudas en las que besar con sangre
caminos olvidados entre las plantas y las amarillentas flores
¿acaso te sería posible olvidar?
y la luna nos perteneció en el silencio
bajo los olivos.
viste, como el espejismo de la noche
la última flor del almendro
silencioso junto a la luna
y a lo lejos, entre el mar y los montes,
la mina que lentamente devoraba la montaña
el último viento de la primavera se llevo los pétalos
tan solo quedó para nosotros el lejano verso de la cigarra
y el áureo y débil aroma de la ginesta
tras de ti, tras del muro y entre los caminos olvidados y los zarzales invitados
y tan solo puedo sonreír, al verte feliz,
pecho inchado y suspiros de satisfacción
me miras y todo duerme en silencio.
el sol saldrá,
la luna besa la frontera de los mares y deja ver, real, a la dama de la luna
besada bajo las mareas.
la noche ya no es tan oscura y el hechizo por desgracia no es eterno.
decidimos volver.
y los vientos de la hora queda traen aquella flor que se dejó llevar.
se que todavía la guardas en aquel estuche marinero donde una brújula aguarda poderte marcar el camino
y cuando pienso en ello vuelvo a sonreír como cuando nos besó la luna.