Game over

Luis Libra

Atención: poeta en obras
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El día que él (o ella) ya no se pueda levantar,
el día que uno de los nuestros no se pueda levantar,
el día que nosotros no nos podamos levantar,
el día que ninguno de los levantados de hoy
se puedan levantar.

El día que nuestras brújulas, relojes
y veletas se detengan de repente,
nuestros recuerdos, nuestros sentidos,
nuestros paisajes y miradas únicas -y preciosas-
se esfumen como Drácula al amanecer.
Ese día que nuestros triunfos y tonterías,
nuestros pecados, elucubraciones
y trampas en la declaración de la renta
dejen de importar.

Que a nuestras televisiones y portátiles
se les nublen para siempre sus pantallas.
Ese día que faltemos de nuestros trenes y sus estaciones,
nuestros aviones no vuelvan a despegar,
nuestros barcos e ideales ya no encuentren puerto,
y nuestras imaginarias naves espaciales
y sueños se queden sin combustible
y ya no transiten más mundos paralelos
ni lunas habitables color añil...

El día que nuestros libros y bunkers cierren
para siempre,
nuestros negocios y glándulas lagrimales cierren
para siempre,
nuestros fantasmas y conductos biliares cierren
para siempre,
nuestros labios y abarrotados trasteros cierren
para siempre.

El día que la magia de la cerveza y el rock callen,
nuestras llaves y volantes ya no giren,
la lluvia, los grifos y nuestras playas favoritas
ya no nos mojen,
y nuestros cajones, frigoríficos, lavavajillas
y cubos de basura ya no se llenen.

Cuando desaparezca nuestro nombre
de los teléfonos de nuestros conocidos,
del censo y de los buzones; nuestras camas
olviden nuestro peso y nuestros orgasmos;
nuestros microondas, vitros e interruptores
el tacto de nuestros dedos,
y ya no nos huelan los calcetines...

Entonces, ese día, amigos, justo ese día
la gravedad de la Tierra debería pedir disculpas
(al ser descubierta su gran mentira),
y alguien tendría que explicarse
y dar la cara ante semejante broma,

por este juego -con reglas escritas
en algún dialecto marciano
y sin opción de cambio ni reembolso-
donde nunca quedó nada claro
qué fuimos en realidad:
si el involuntario jugador o el jodido juguete.


________
 
Última edición:
Abierto está el juego de las preguntas, no esperaremos respuestas.

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Quizás ese día no esté tan lejos, solo falta que el bicho mute de nuevo y empecemos a caer por la calle fulminados como moscas. Puestos a elegir... ¿será eso mejor o peor que un meteorito gigante haciendo añicos la tierra? ..., què mas da, tampoco merecemos seguir mucho tiempo.

Rebienvenido!!!
 
Quizás ese día no esté tan lejos, solo falta que el bicho mute de nuevo y empecemos a caer por la calle fulminados como moscas. Puestos a elegir... ¿será eso mejor o peor que un meteorito gigante haciendo añicos la tierra? ..., què mas da, tampoco merecemos seguir mucho tiempo.

Rebienvenido!!!


El meteorito es más rápido y no admite polémicas ;). Gracias, Julia, es un placer reencontrarme con vosotros. Un abrazo.
 
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El día que él (o ella) ya no se pueda levantar,
el día que uno de los nuestros no se pueda levantar,
el día que nosotros no nos podamos levantar,
el día que ninguno de los levantados de hoy
se puedan levantar.

El día que nuestras brújulas, relojes
y veletas se detengan de repente,
nuestros recuerdos y sentidos,
nuestros paisajes y miradas únicas -y preciosas-
se esfumen como Drácula al amanecer.
Ese día que nuestros triunfos y tonterías,
nuestros pecados, elucubraciones
y trampas en la declaración de la renta
dejen de importar.

... Que a nuestras televisiones y portátiles
se les nublen para siempre sus pantallas. Ese día
que faltemos de nuestros trenes y sus estaciones,
nuestros aviones no vuelvan a despegar,
nuestros barcos e ideales
ya no encuentren puerto,
y nuestras imaginarias naves espaciales
y sueños se queden sin combustible
y ya no transiten más mundos paralelos ni lunas...

El día
que nuestros libros y bunkers cierren para siempre,
nuestros negocios y lágrimas cierren para siempre,
nuestros fantasmas y conductos biliares cierren para siempre,
nuestros labios y trasteros cierren para siempre.

El día que la magia de la cerveza y el rock callen,
nuestras llaves y volantes ya no giren,
la lluvia, los grifos y nuestras playas favoritas no nos mojen,
y nuestros cajones, frigoríficos
y cubos de basura ya no se llenen.

Cuando desaparezca nuestro nombre
de los teléfonos, el censo y los buzones;
nuestras camas olviden nuestro peso
y nuestros orgasmos; nuestros microondas,
vitros e interruptores el tacto de nuestros dedos,
y ya no nos huelan los calcetines...

Entonces, ese día, amigos, justo ese día
la gravedad de la Tierra debería pedir disculpas
(al ser descubierta su gran mentira),
y alguien tendrá que explicarse
y dar la cara ante semejante broma:

por este juego -con reglas escritas
en algún dialecto marciano
y sin opción de cambio o reembolso-
donde nunca quedó nada claro
si en realidad fuimos en él
el jugador o el jodido juguete.

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Game over: el jodido juguete llegó a su fin (¡por fin!).
Saludos.
 
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El día que él (o ella) ya no se pueda levantar,
el día que uno de los nuestros no se pueda levantar,
el día que nosotros no nos podamos levantar,
el día que ninguno de los levantados de hoy
se puedan levantar.

El día que nuestras brújulas, relojes
y veletas se detengan de repente,
nuestros recuerdos y sentidos,
nuestros paisajes y miradas únicas -y preciosas-
se esfumen como Drácula al amanecer.
Ese día que nuestros triunfos y tonterías,
nuestros pecados, elucubraciones
y trampas en la declaración de la renta
dejen de importar.

... Que a nuestras televisiones y portátiles
se les nublen para siempre sus pantallas. Ese día
que faltemos de nuestros trenes y sus estaciones,
nuestros aviones no vuelvan a despegar,
nuestros barcos e ideales
ya no encuentren puerto,
y nuestras imaginarias naves espaciales
y sueños se queden sin combustible
y ya no transiten más mundos paralelos ni lunas...

El día
que nuestros libros y bunkers cierren para siempre,
nuestros negocios y lágrimas cierren para siempre,
nuestros fantasmas y conductos biliares cierren para siempre,
nuestros labios y trasteros cierren para siempre.

El día que la magia de la cerveza y el rock callen,
nuestras llaves y volantes ya no giren,
la lluvia, los grifos y nuestras playas favoritas no nos mojen,
y nuestros cajones, frigoríficos
y cubos de basura ya no se llenen.

Cuando desaparezca nuestro nombre
de los teléfonos, el censo y los buzones;
nuestras camas olviden nuestro peso
y nuestros orgasmos; nuestros microondas,
vitros e interruptores el tacto de nuestros dedos,
y ya no nos huelan los calcetines...

Entonces, ese día, amigos, justo ese día
la gravedad de la Tierra debería pedir disculpas
(al ser descubierta su gran mentira),
y alguien tendrá que explicarse
y dar la cara ante semejante broma:

por este juego -con reglas escritas
en algún dialecto marciano
y sin opción de cambio o reembolso-
donde nunca quedó nada claro
si en realidad fuimos el jugador
o el jodido juguete.

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Luis, esto da para muchas reflexiones. ¿Quien nos juega? Volveré. Luciana.
 
Eso, ¿quién nos juega? :). Un abrazo, Luciana.
En realidad es que recordé obras de teatro y películas donde los personajes se rebelan contra el escritor y, nunca lo había pensado, porque no juego los video juegos, pero es algo análogo. ¿quién es el autor del la obra de teatro de la vida de los humanos?, pues sin saberlo ellos mismos, pero siempre hay manipuladores que quieren conducir a los demás, pero que también son manipulados y así la cadena. No es uno, es una red, quién sabe si coordinada o no. ¿Azar?, esa es la cuestión.
 
En realidad es que recordé obras de teatro y películas donde los personajes se rebelan contra el escritor y, nunca lo había pensado, porque no juego los video juegos, pero es algo análogo. ¿quién es el autor del la obra de teatro de la vida de los humanos?, pues sin saberlo ellos mismos, pero siempre hay manipuladores que quieren conducir a los demás, pero que también son manipulados y así la cadena. No es uno, es una red, quién sabe si coordinada o no. ¿Azar?, esa es la cuestión.

Es muy interesante tu comentario, Luciana. Yo diría que principalmente somos los juguetes de nosotros mismos; de nuestros instintos animales, de nuestro adn y genes, de nuestras ideas aprendidas y sentimientos (a menudo infundidos), de nuestras contradicciones, irracionalidades, etc.
En realidad se podría decir que nos manipulamos a nosotros mismos casi siempre sin percatarnos de ello.
Luego por supuesto también nos manipulamos unos a otros, y en ese punto entra en juego la inteligencia, la experiencia y los valores de cada uno.
Yo no creo en conspiraciones secretas y cosas parecidas. Sí que estamos en mayor o menor medida influenciados (y manipulados) por el "marketing social" en muchos ámbitos, pero ese es un "juego" bastante más conocido (y/o a menudo asumido). Un abrazo, compañera.
 
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El día que él (o ella) ya no se pueda levantar,
el día que uno de los nuestros no se pueda levantar,
el día que nosotros no nos podamos levantar,
el día que ninguno de los levantados de hoy
se puedan levantar.


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Llegará sin duda y mientras tanto...a ver si me acuerdo cómo funciona esto que se me ha olvidado.

Un placer volver a leerte.
 
Última edición:
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El día que él (o ella) ya no se pueda levantar,
el día que uno de los nuestros no se pueda levantar,
el día que nosotros no nos podamos levantar,
el día que ninguno de los levantados de hoy
se puedan levantar.

El día que nuestras brújulas, relojes
y veletas se detengan de repente,
nuestros recuerdos y sentidos,
nuestros paisajes y miradas únicas -y preciosas-
se esfumen como Drácula al amanecer.
Ese día que nuestros triunfos y tonterías,
nuestros pecados, elucubraciones
y trampas en la declaración de la renta
dejen de importar.

... Que a nuestras televisiones y portátiles
se les nublen para siempre sus pantallas. Ese día
que faltemos de nuestros trenes y sus estaciones,
nuestros aviones no vuelvan a despegar,
nuestros barcos e ideales ya no encuentren puerto,
y nuestras imaginarias naves espaciales
y sueños se queden sin combustible
y ya no transiten más mundos paralelos ni lunas
habitables de color añil...

El día
que nuestros libros y bunkers cierren para siempre,
nuestros negocios y glándulas lagrimales cierren para siempre,
nuestros fantasmas y conductos biliares cierren para siempre,
nuestros labios y trasteros cierren para siempre.

El día que la magia de la cerveza y el rock callen,
nuestras llaves y volantes ya no giren,
la lluvia, los grifos y nuestras playas favoritas no nos mojen,
y nuestros cajones, frigoríficos
y cubos de basura ya no se llenen.

Cuando desaparezca nuestro nombre
de los teléfonos, el censo y los buzones;
nuestras camas olviden nuestro peso
y nuestros orgasmos; nuestros microondas,
vitros e interruptores el tacto de nuestros dedos,
y ya no nos huelan los calcetines...

Entonces, ese día, amigos, justo ese día
la gravedad de la Tierra debería pedir disculpas
(al ser descubierta su gran mentira),
y alguien tendrá que explicarse
y dar la cara ante semejante broma:

por este juego -con reglas escritas
en algún dialecto marciano
y sin opción de cambio ni reembolso-
donde nunca quedó nada claro
si en realidad fuimos el jugador
o el jodido juguete.

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Lo peor es que cada vez que entendemos más el juego más seguimos jugándolo y a prestarnos a ser el juguete. Lo cierto es que somos una humanidad muy hipócrita. Y entre tanto juego y juegos sucios terminamos cagados. Porque, claro, no todo vale siempre ni en el amor y en la guerra ni en lo que sea. Pero bueno, la humanidad no hay forma que la remonte.

Un buen poema sin dudas. Saludos.
 
Lo peor es que cada vez que entendemos más el juego más seguimos jugándolo y a prestarnos a ser el juguete. Lo cierto es que somos una humanidad muy hipócrita. Y entre tanto juego y juegos sucios terminamos cagados. Porque, claro, no todo vale siempre ni en el amor y en la guerra ni en lo que sea. Pero bueno, la humanidad no hay forma que la remonte.

Un buen poema sin dudas. Saludos.

Bueno, yo creo que este juego es absolutamente incomprensible. Quizás lo que ocurre es que ser juguete es más cómodo y trae menos imprevistos, y es que con el paso del tiempo la mayoría de las almas y los cuerpos ya no están para mucho imprevisto y para más cagadas. En cierto modo es una rendición voluntaria (pero comprensible), ... y es entonces cuando nos da por el budismo, el yoga, la meditación o inflarnos a cerveza :)

Me alegra que te gustara el poema, Danie. Gracias por tu comentario y más saludos.
 
Recordar que no se admiten títulos en otros idiomas salvo en el foro Torre de Babel. Título traducido.

"Game over" no es un título puesto a capricho en inglés. Es un término conocido por todos en todo el planeta desde que se inventaron los juegos de "marcianitos". Se ha utilizado miles de veces en el cine y la literatura en castellano y ha adquirido por sí mismo un significado propio dirigido al ámbito digital (y a menudo con connotaciones de "juego perdido")

"Fin del juego" se puede referir a terminar una partida de mus o de parchís, "Game over" se utiliza de manera específica a juegos informáticos o videojuegos. Aquí te dejo un enlace de wikipedia que demuestra lo que digo:

https://es.wikipedia.org/wiki/Game_over
 
Última edición:
Es muy interesante tu comentario, Luciana. Yo diría que principalmente somos los juguetes de nosotros mismos; de nuestros instintos animales, de nuestro adn y genes, de nuestras ideas aprendidas y sentimientos (a menudo infundidos), de nuestras contradicciones, irracionalidades, etc.
En realidad se podría decir que nos manipulamos a nosotros mismos casi siempre sin percatarnos de ello.
Luego por supuesto también nos manipulamos unos a otros, y en ese punto entra en juego la inteligencia, la experiencia y los valores de cada uno.
Yo no creo en conspiraciones secretas y cosas parecidas. Sí que estamos en mayor o menor medida influenciados (y manipulados) por el "marketing social" en muchos ámbitos, pero ese es un "juego" bastante más conocido (y/o a menudo asumido). Un abrazo, compañera.
Estimado poeta permítame decirle que usted necesita un psicoalista :cool: Lacaniano!!
 

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