Gélido Legado

Ziler

Poeta recién llegado
Hoy encontré un poema que me habías dejado y lo leí con una febril ansiedad de reencuentro. En él me suplicabas que no abandonara a mi padre; ante tu ineludible ausencia sentenciada, me legabas el peso de sus nostalgias, las cuales se intensificarían con los años hasta convertir su presencia en un efímero paso por el tiempo.

No cumplí esa promesa, ya que me fue imposible cargar con dos condenas simultáneas: mientras él se hundía en tu añoranza, yo intentaba sanar el exilio de mi propia alma. Tras mucho tiempo, por fin comprendí el motivo de la partida de mi viejo; lo entendí al ver el rostro de mi amada perecer en mis brazos. En ese instante supe que las flores no son tan hermosas y que la muerte me perseguiría con su inclemente olor a soledad.

Quedé solo en este infierno que llaman existencia y que, irónicamente, es más frío de lo que aparenta. Perdóname, madre, porque nunca más volví a ver a tu amado; solo alcancé a heredarle la valentía de huir y la sensación de habitar un cuerpo inerte. Jamás he escrito con tanto miedo. Intento responder a tus letras, pero solo hallo el silencio que heredé: te he fallado, madre amada, pues ahora soy solo otro náufrago compartiendo tu ausencia en la más absoluta orfandad.
 
Hoy encontré un poema que me habías dejado y lo leí con una febril ansiedad de reencuentro. En él me suplicabas que no abandonara a mi padre; ante tu ineludible ausencia sentenciada, me legabas el peso de sus nostalgias, las cuales se intensificarían con los años hasta convertir su presencia en un efímero paso por el tiempo.

No cumplí esa promesa, ya que me fue imposible cargar con dos condenas simultáneas: mientras él se hundía en tu añoranza, yo intentaba sanar el exilio de mi propia alma. Tras mucho tiempo, por fin comprendí el motivo de la partida de mi viejo; lo entendí al ver el rostro de mi amada perecer en mis brazos. En ese instante supe que las flores no son tan hermosas y que la muerte me perseguiría con su inclemente olor a soledad.

Quedé solo en este infierno que llaman existencia y que, irónicamente, es más frío de lo que aparenta. Perdóname, madre, porque nunca más volví a ver a tu amado; solo alcancé a heredarle la valentía de huir y la sensación de habitar un cuerpo inerte. Jamás he escrito con tanto miedo. Intento responder a tus letras, pero solo hallo el silencio que heredé: te he fallado, madre amada, pues ahora soy solo otro náufrago compartiendo tu ausencia en la más absoluta orfandad.
Sentimientos profundos, muy triste Ziler.
A través del recuerdo de una carta escrita por su madre, sobrepone la angustia de no haber podido cumplir la promesa de cuidar de su padre.
Realmente se siente el ambiente devastador.

Le envío un saludo desde mi humilde Habana
 

MundoPoesía se mantiene gracias a la publicidad y al apoyo (opcional) de nuestra comunidad.

♥ Hacer una donación
Atrás
Arriba