Geografía del rostro

penabad57

Poeta veterano en el portal
Una vez fue lisura,
seda, organdí
el mapa de mi frente.

Hoy son ríos olvidados
que surcan mi inquietud.

Los ojos guardan afluentes,
rojos afluentes,
de insomnios y piedad.

Las mejillas caen como meteoros azules
al jardín de la mueca,
al músculo que descubre la risa.

Los poros, sí, los poros escriben dentro
historias invisibles,
el pómulo reivindica su orgullo,
quizá el espolón que enfila la noche.

Debajo de un abril de pestañas
la lívida laguna del dolor,
también la sombra de todos los equinoccios
que han llorado en un iris.

El mentón se alza como un gallo noble
hasta la desnudez del labio,
se agrietan las verdades de la piel,
los istmos perfilan la oscura senectud del tiempo.

Y te ves en el cristal
sin querer la impronta del número que te habita
y que se llama años,
cicatriz de una herida
en este rostro
al que ya no pretendes regresar.
 
Una vez fue lisura,
seda, organdí
el mapa de mi frente.

Hoy son ríos olvidados
que surcan mi inquietud.

Los ojos guardan afluentes,
rojos afluentes,
de insomnios y piedad.

Las mejillas caen como meteoros azules
al jardín de la mueca,
al músculo que descubre la risa.

Los poros, sí, los poros escriben dentro
historias invisibles,
el pómulo reivindica su orgullo,
quizá el espolón que enfila la noche.

Debajo de un abril de pestañas
la lívida laguna del dolor,
también la sombra de todos los equinoccios
que han llorado en un iris.

El mentón se alza como un gallo noble
hasta la desnudez del labio,
se agrietan las verdades de la piel,
los istmos perfilan la oscura senectud del tiempo.

Y te ves en el cristal
sin querer la impronta del número que te habita
y que se llama años,
cicatriz de una herida
en este rostro
al que ya no pretendes regresar.
La joven y tersa unidad del todo va desapareciendo con la aparición de cada nuevo feudo tallado, en su mayoría, con un arado. Saludos cordiales para ti, penabad.
 
Una vez fue lisura,
seda, organdí
el mapa de mi frente.

Hoy son ríos olvidados
que surcan mi inquietud.

Los ojos guardan afluentes,
rojos afluentes,
de insomnios y piedad.

Las mejillas caen como meteoros azules
al jardín de la mueca,
al músculo que descubre la risa.

Los poros, sí, los poros escriben dentro
historias invisibles,
el pómulo reivindica su orgullo,
quizá el espolón que enfila la noche.

Debajo de un abril de pestañas
la lívida laguna del dolor,
también la sombra de todos los equinoccios
que han llorado en un iris.

El mentón se alza como un gallo noble
hasta la desnudez del labio,
se agrietan las verdades de la piel,
los istmos perfilan la oscura senectud del tiempo.

Y te ves en el cristal
sin querer la impronta del número que te habita
y que se llama años,
cicatriz de una herida
en este rostro
al que ya no pretendes regresar.
Y es inevitable estimado poeta, con el paso de los años, no sólo son grietas, marcas, etc, es el peso de la gravedad, que con los años es más difícil contener. Pero lo mejor de todo es, cada pliegue grabado, adereza la vida...
Placer leerte penabad!!!
Un abrazo
Camelia
 
Y es inevitable estimado poeta, con el paso de los años, no sólo son grietas, marcas, etc, es el peso de la gravedad, que con los años es más difícil contener. Pero lo mejor de todo es, cada pliegue grabado, adereza la vida...
Placer leerte penabad!!!
Un abrazo
Camelia
Gracias, Camy, por tu lectura y comentario. Un abrazo.
 
Una vez fue lisura,
seda, organdí
el mapa de mi frente.

Hoy son ríos olvidados
que surcan mi inquietud.

Los ojos guardan afluentes,
rojos afluentes,
de insomnios y piedad.

Las mejillas caen como meteoros azules
al jardín de la mueca,
al músculo que descubre la risa.

Los poros, sí, los poros escriben dentro
historias invisibles,
el pómulo reivindica su orgullo,
quizá el espolón que enfila la noche.

Debajo de un abril de pestañas
la lívida laguna del dolor,
también la sombra de todos los equinoccios
que han llorado en un iris.

El mentón se alza como un gallo noble
hasta la desnudez del labio,
se agrietan las verdades de la piel,
los istmos perfilan la oscura senectud del tiempo.

Y te ves en el cristal
sin querer la impronta del número que te habita
y que se llama años,
cicatriz de una herida
en este rostro
al que ya no pretendes regresar.
tiene un margen muy original, y muy bien pulido, grato leerte
 

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