Después de dos años,
mi tesoro resquebrajado
no termina de traccionarse.
Cubierto de un lodo pastoso
este ha dejado de brillar,
mas sus paredes
aún impulsan y succionan
la hiel que mueve las entrañas
de este recuerdo
que no me deja dormir.
Este tesoro
no lo es más,
quizás nunca
vuelva a serlo.