princesmain
Poeta fiel al portal
GLOSANDO A RAFAEL DE LEON
Mi corazón de madera
muerto de flor y de nidos
floreció en un verde nuevo
de naranjos y de gritos.,
y por mi sangre corrió
un toro de escalofrío,
que me dejó traspasado
en la plaza del suspiro.
(Así te quiero, Rafael de León)
GLOSA DE LAS MIL HERIDAS
Nunca imaginé que un día
se fueran mis ilusiones,
y no entiendo las razones
pues pasó lo que temía.
Te fuiste mientras dormía,
y en mi pecho una gotera,
una astilla que lacera
el sentir en cada verso,
cuando antes fue liso y terso
mi corazón de madera.
El mar retuvo sus olas
cuando supo de mi llanto,
yo siempre te quise tanto
y tú me dejaste a solas.
Se marchitan amapolas
en corazones heridos,
los cipreses ya vencidos
lloraron su savia triste
y el sauce ya no lo viste
muerto de flor y de nidos.
Mas en la tarde que aclara
va despertando mi sueño,
veo tu rostro trigueño,
y me imagino tu cara.
Te recuerdo, cosa rara,
pues a querer no me atrevo,
porque al amar me renuevo
y aunque yo esté delirante
este amor que es tan fragante
floreció en un verde nuevo.
Te pienso en la lejanía
donde no se oye mi voz,
la brisa surge veloz
dejando su melodía.
Se crece mi fantasía,
sueños de besos ahítos
de mil recuerdos benditos,
y se llenó la llanura
con aromas y locura
de naranjos y de gritos.
Me gusta cuando floreces
con tu infinita presencia,
pero me duele tu ausencia
cuando te vas tantas veces.
¿Es que ya no te enterneces
con la herida que se abrió,
por tu amor que renunció?
Me diste solo veneno,
dejando mi cuerpo lleno,
y por mi sangre corrió.
¡Ay amor! Quita pesares
de tu ausencia que me asusta,
mi corazón se disgusta,
se trasnochan mis cantares.
Se secaron los palmares
cuando a la orilla del río
se escuchó el llanto tardío
del ave mal agorera,
y me invadió toda entera
un toro de escalofrío.
Entre vientos otoñales
la garza voló cansada,
se escuchaba una tonada,
se rompieron mil cristales.
Se hicieron los funerales,
quedo el recuerdo pasmado,
mi pecho quedó cruzado
por un sentir tan doliente
y así lo viera la gente
que me dejó traspasado .
Mi amor se fue en la piragua
cuando la luna menguante,
todo pasó en un instante,
se quemó todo en la fragua.
Cenizas fueron al agua,
cayendo como un zafiro,
y en el recodo de un giro
desgranándose mil voces
alzando el vuelo, veloces,
en la plaza del suspiro.
Original de Maria Ines Arrabal
(Princesmain)
Todos los derechos reservados
Mi corazón de madera
muerto de flor y de nidos
floreció en un verde nuevo
de naranjos y de gritos.,
y por mi sangre corrió
un toro de escalofrío,
que me dejó traspasado
en la plaza del suspiro.
(Así te quiero, Rafael de León)
GLOSA DE LAS MIL HERIDAS
Nunca imaginé que un día
se fueran mis ilusiones,
y no entiendo las razones
pues pasó lo que temía.
Te fuiste mientras dormía,
y en mi pecho una gotera,
una astilla que lacera
el sentir en cada verso,
cuando antes fue liso y terso
mi corazón de madera.
El mar retuvo sus olas
cuando supo de mi llanto,
yo siempre te quise tanto
y tú me dejaste a solas.
Se marchitan amapolas
en corazones heridos,
los cipreses ya vencidos
lloraron su savia triste
y el sauce ya no lo viste
muerto de flor y de nidos.
Mas en la tarde que aclara
va despertando mi sueño,
veo tu rostro trigueño,
y me imagino tu cara.
Te recuerdo, cosa rara,
pues a querer no me atrevo,
porque al amar me renuevo
y aunque yo esté delirante
este amor que es tan fragante
floreció en un verde nuevo.
Te pienso en la lejanía
donde no se oye mi voz,
la brisa surge veloz
dejando su melodía.
Se crece mi fantasía,
sueños de besos ahítos
de mil recuerdos benditos,
y se llenó la llanura
con aromas y locura
de naranjos y de gritos.
Me gusta cuando floreces
con tu infinita presencia,
pero me duele tu ausencia
cuando te vas tantas veces.
¿Es que ya no te enterneces
con la herida que se abrió,
por tu amor que renunció?
Me diste solo veneno,
dejando mi cuerpo lleno,
y por mi sangre corrió.
¡Ay amor! Quita pesares
de tu ausencia que me asusta,
mi corazón se disgusta,
se trasnochan mis cantares.
Se secaron los palmares
cuando a la orilla del río
se escuchó el llanto tardío
del ave mal agorera,
y me invadió toda entera
un toro de escalofrío.
Entre vientos otoñales
la garza voló cansada,
se escuchaba una tonada,
se rompieron mil cristales.
Se hicieron los funerales,
quedo el recuerdo pasmado,
mi pecho quedó cruzado
por un sentir tan doliente
y así lo viera la gente
que me dejó traspasado .
Mi amor se fue en la piragua
cuando la luna menguante,
todo pasó en un instante,
se quemó todo en la fragua.
Cenizas fueron al agua,
cayendo como un zafiro,
y en el recodo de un giro
desgranándose mil voces
alzando el vuelo, veloces,
en la plaza del suspiro.
Original de Maria Ines Arrabal
(Princesmain)
Todos los derechos reservados
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