Juno
Poeta que considera el portal su segunda casa
Quiero contarte Alfonsina
el por qué de mi quebranto,
lo profundo de este llanto
que entre estrofas se declina...
Pues cerrada la cortina
del teatro, solo dejas
apagadas candilejas
y un monólogo aprendido
de los labios de Cupido
que sin pie desemparejas.
No le busco moralejas
ya que siempre se ha sabido
que lo intenso del latido
es la dicha que reflejas
y aunque a veces sean rejas
el abrazo que calcina,
no maldigo la neblina
que en mi pecho hoy enmanto
pues ayer llenó mi canto
la más dulce golondrina.
Mas llegó el vendaval de su ausencia
despojando del sueño el anhelo,
y dejó prendidito en el cielo
un latir que ni el tiempo silencia.
¿Qué será de esta vana existencia
que en las sombras me ciñe con celo?
¿Cómo alzar de las brasas el vuelo
si en su fuego firmé mi sentencia?
¿Hasta cuándo esta cruel penitencia
que a mis ojos vistieron de duelo?
¡Dime dónde!, mi amor, ¡por clemencia!,
encontrarle a la pena consuelo.
No quisieran el yerro de herencia
los sonetos que en humo cincelo....
Y naufrago aquí, mi fiel Alfonsina,
encallada en rimas de un poema abanto
siempre con la misma copla que asonanto
en mar de papel... ¡Se vuelve rutina!
descubrir sus huellas al doblar la esquina
de mi verso aciago por su adiós herido
y en el laberinto de este sin sentido,
partiéndose en dos, el alma camina.
Y desanda el paso por miedo al olvido
retomando el pulso de ilusiones viejas
mientras cada día más de mí te alejas,
¡dulce golondrina que voló del nido!
Hibernaron trinos en mi sordo oído
y mi muda voz, se tornó de hielo,
nada queda, ¡nada!, salvo mi desvelo
porque sepa cuánto, ¡cuánto le he querido!
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