Bolivar F. Martinez
Poeta adicto al portal
Gracias poeta
Parece que tus versos relataran de mí.
Estremeces mi cuerpo y a mi alma la alcanzas,
como alma gemela a quien yo contratara,
para que me escribiera todo lo que yo siento.
Escribes, y en tu mano se apoya toda sabiduría
y plenitud de vida de claros sentimientos;
los mismos que me invaden, los mismos que sustento.
¿Acaso fuíste tú, poeta enamorado, el que me condujera
hacia escondidos sitios de libros olvidados?
Ávido de leerte, ávido de sentirte, he recorrido plazas,
caminos intrincados, solo por encontrarme
lo que hablabas de tí, lo que hablabas de mí,
cuando mucho decías lo que había sido de tu alma
envuelto en los combates, entre arenas y espinas,
entre lunas por faros, y barcos navegantes,
y soles abrasantes y montañas con nubes.
Yo tus lamentos siento, y tu tristeza siento,
como si compartieras este dolor inmenso
que llena mis silencios que agobiantes me invaden.
Y tanto te agradezco, pues si esto no hiciera,
yo mísmo sentiría que nunca he sido honesto
al buscarte entre libros, entre calles y puertos
de plazas como muelles, donde anclaba en mis días,
tan lejanos y bellos, cuando aun era bueno.
Gracias.
Parece que tus versos relataran de mí.
Estremeces mi cuerpo y a mi alma la alcanzas,
como alma gemela a quien yo contratara,
para que me escribiera todo lo que yo siento.
Escribes, y en tu mano se apoya toda sabiduría
y plenitud de vida de claros sentimientos;
los mismos que me invaden, los mismos que sustento.
¿Acaso fuíste tú, poeta enamorado, el que me condujera
hacia escondidos sitios de libros olvidados?
Ávido de leerte, ávido de sentirte, he recorrido plazas,
caminos intrincados, solo por encontrarme
lo que hablabas de tí, lo que hablabas de mí,
cuando mucho decías lo que había sido de tu alma
envuelto en los combates, entre arenas y espinas,
entre lunas por faros, y barcos navegantes,
y soles abrasantes y montañas con nubes.
Yo tus lamentos siento, y tu tristeza siento,
como si compartieras este dolor inmenso
que llena mis silencios que agobiantes me invaden.
Y tanto te agradezco, pues si esto no hiciera,
yo mísmo sentiría que nunca he sido honesto
al buscarte entre libros, entre calles y puertos
de plazas como muelles, donde anclaba en mis días,
tan lejanos y bellos, cuando aun era bueno.
Gracias.
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