daniel amaya
Poeta fiel al portal
Desde un inicio, por siempre
profundos agujeros hieren
a la inocencia que duerme
en el corazón del hombre,
parte de sí, parte de su final,
y la luna no demora en concebir
crepúsculos de luz sangre
ante la desidia, ante el horror
que crece en las venas desafiándose a sí mismo.
La consternación de los indefensos
no pesa en un balanza,
ni las aguas claras de los poderosos
divisan su fin entre los dedos,
hay quienes huyen dentro
detrás de máscaras de fuego,
y otros nacieron en tinieblas
como criaturas escarbando,
escudriñándose buscando albor ajeno,
a veces está tan cerca el ocaso,
la caída de los ángeles en ruinas de polvo
y la luz cegándose de la inocencia eterna.
A veces está tan cerca la última lágrima…
profundos agujeros hieren
a la inocencia que duerme
en el corazón del hombre,
parte de sí, parte de su final,
y la luna no demora en concebir
crepúsculos de luz sangre
ante la desidia, ante el horror
que crece en las venas desafiándose a sí mismo.
La consternación de los indefensos
no pesa en un balanza,
ni las aguas claras de los poderosos
divisan su fin entre los dedos,
hay quienes huyen dentro
detrás de máscaras de fuego,
y otros nacieron en tinieblas
como criaturas escarbando,
escudriñándose buscando albor ajeno,
a veces está tan cerca el ocaso,
la caída de los ángeles en ruinas de polvo
y la luz cegándose de la inocencia eterna.
A veces está tan cerca la última lágrima…
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