Galopaban las nubes sobre la peña,
reía el viento de buena gana
y a veces entre las ramas gritaba.
El sol curioso
asomaba sus ojos
para iluminar el valle,
poniendo notas de sombra
a los inquietos árboles.
Se canso el aire al atardecer,
dejo limpio el cielo,
y una paz silenciosa
caía de la montaña
atrapando con luces
su verde falda.
Bailaba la cicuta
al pie de los nogales,
y como lunares blancos,
pintaba el suelo.
Los grajillos
engañaron al otoño con su estruendo;
agosto lloro,
se coloreo de tonos ocres,
de cálidos matices.
Le robaron los pájaros su tiempo;
aquí el verano es débil
y pronto se deja convencer
del viento,
la lluvia
o los grajillos despiertos.
reía el viento de buena gana
y a veces entre las ramas gritaba.
El sol curioso
asomaba sus ojos
para iluminar el valle,
poniendo notas de sombra
a los inquietos árboles.
Se canso el aire al atardecer,
dejo limpio el cielo,
y una paz silenciosa
caía de la montaña
atrapando con luces
su verde falda.
Bailaba la cicuta
al pie de los nogales,
y como lunares blancos,
pintaba el suelo.
Los grajillos
engañaron al otoño con su estruendo;
agosto lloro,
se coloreo de tonos ocres,
de cálidos matices.
Le robaron los pájaros su tiempo;
aquí el verano es débil
y pronto se deja convencer
del viento,
la lluvia
o los grajillos despiertos.