Hace días que rondoba por mi cabeza una imprevista vía que aquí está, tan tímida como atrevida.
Es una estrofa de Arte Mayor o Menor de nueve versos iguales méticamente y que riman de la siguiente manera: ABA, CBC, DBD.
Los versos de Arte Mayor pueden llevar acentos rítmicos o no a voluntad o gusto del versista.
Los días del poeta son
hojas en blanco avergonzadas
de convertirse en irrisión
si por ventura halladas fueran
ausentes o desaliñadas
por que de hastío adolecieran.
El médico curará enfermos,
más las caras malhumoradas
sanan el poeta y sus cuadernos.
Los soles del poeta van
surgiéndole de las entrañas
y si no lo encuentran se van
buscando entre los matorrales,
subiéndose por las montañas,
mirando por los ventanales
por ver si ven un despistado
que harto de tantas patrañas
de lo bueno esté enamorado.
Las ojas del poeta ven
su blanco como la promesa
o como el lugar del desdén
cuando su fervor, que es la fibra,
marcha descalzo a la dehesa
y solo a su arma calibra
por verguenza de que le acusen,
aunque eso jamás confiesa,
de ser como es y de él abusen.
Habla el poeta de sus misterios
cuando aparecen en su mente
para traerle refrigerios,
la pena, el amor, las verdades
hundidas en su alma latente
como si fueran novedades
que a los otros se les olvidan
y que aparecen de repente
para que realidades pidan.
Es una estrofa de Arte Mayor o Menor de nueve versos iguales méticamente y que riman de la siguiente manera: ABA, CBC, DBD.
Los versos de Arte Mayor pueden llevar acentos rítmicos o no a voluntad o gusto del versista.
Los días del poeta son
hojas en blanco avergonzadas
de convertirse en irrisión
si por ventura halladas fueran
ausentes o desaliñadas
por que de hastío adolecieran.
El médico curará enfermos,
más las caras malhumoradas
sanan el poeta y sus cuadernos.
Los soles del poeta van
surgiéndole de las entrañas
y si no lo encuentran se van
buscando entre los matorrales,
subiéndose por las montañas,
mirando por los ventanales
por ver si ven un despistado
que harto de tantas patrañas
de lo bueno esté enamorado.
Las ojas del poeta ven
su blanco como la promesa
o como el lugar del desdén
cuando su fervor, que es la fibra,
marcha descalzo a la dehesa
y solo a su arma calibra
por verguenza de que le acusen,
aunque eso jamás confiesa,
de ser como es y de él abusen.
Habla el poeta de sus misterios
cuando aparecen en su mente
para traerle refrigerios,
la pena, el amor, las verdades
hundidas en su alma latente
como si fueran novedades
que a los otros se les olvidan
y que aparecen de repente
para que realidades pidan.
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