Hablando de la suerte

Atormentado va cayendo el lápiz por el abismo, abismo de sal o de destinos que comparte junto con las influencias el dogma popular escrito en porcentaje por uñas llenas de tierra, hasta que sea verano por no pasar por el mar, por ser exento de estupideces humanas y por seguir en invierno hasta que llega octubre. La sangre que es la vida del humano descarga versos que se meten en las pupilas hasta ser residuos de pasta violenta o accesos de voluntad. He escrito que la ayuda es diferente, que el pastor se corre como la lluvia tal y como lo hace el frasco y la mentira va haciéndose roja hasta perpetuar sobre la magia.

El instinto natural está rodeado de volumen y la capa de la memoria solo tiene vidrio, como los amantes y la boca de esa roca. Así el martirio es expuesto con la salida que lleva su lugar y con la cama del que se cree portador de armas; tal y como lo hace el lenguaje, la única boda es la pericia del otro no de la autoridad, cavando tumbas a escondidas debajo de los lagos, arriba de las narices.

El recorrido involuntario de la materia es nulo, la naturaleza y los animales estiman fuerza no tiempo y la cabeza de la mente humana es testigo de lo ridícula que es la postura, el único freno de la naturaleza es volar como lo hace la sed publica, que corre atraves del alma hasta hacerse viejo y no ser dorado como la plata o azul como el cielo.
 

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