Hace pie el alma
Rojo cobrizo se ve el fuego de tu pelo que enciende, mi pecho ignifugo, por venir corriendo detrás tuyo.
Soy seguidor y amante de todos los volúmenes de tu cuerpo que persigo ahora en el tiempo para volver a encontrarte.
Te encuentro sabor a mí.
Verte es verme, una vez desenvuelta la mejor ilusión: reencarnación cómoda, maravillosa.
Vamos y venimos, jugamos, corremos; Aladas al viento se sueltan nuestras palabras que llegan y vuelven soplando al Oído.
¿Qué nos importa?
Al compás elevado de tus pies que se pierden entre las crujientes corcheas del jazz el rithm le pliega un golpe firme y suave y yo suelto tu mano para volver a tomarla solo por un instante.
Las voces desnudas, las manos sueltas, los codos firmes en el torso y la espalda.
Hace pie el alma.
Guillermo N. Morán
Rojo cobrizo se ve el fuego de tu pelo que enciende, mi pecho ignifugo, por venir corriendo detrás tuyo.
Soy seguidor y amante de todos los volúmenes de tu cuerpo que persigo ahora en el tiempo para volver a encontrarte.
Te encuentro sabor a mí.
Verte es verme, una vez desenvuelta la mejor ilusión: reencarnación cómoda, maravillosa.
Vamos y venimos, jugamos, corremos; Aladas al viento se sueltan nuestras palabras que llegan y vuelven soplando al Oído.
¿Qué nos importa?
Al compás elevado de tus pies que se pierden entre las crujientes corcheas del jazz el rithm le pliega un golpe firme y suave y yo suelto tu mano para volver a tomarla solo por un instante.
Las voces desnudas, las manos sueltas, los codos firmes en el torso y la espalda.
Hace pie el alma.
Guillermo N. Morán