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Haibun

Zulma Martínez

Mar azul...
Despedida

Casi en el centro de la pequeña ciudad, estaba la Estación de ferrocarril. Se alzaba orgullosa, en su espacio estratégico, como punto de unión entre los pueblos. Era parada obligatoria o casual; ánfora repleta de emociones, de despedidas eternas, de encuentros... o de ilusiones fallidas.
De vez en cuando, presenciaba el llanto apagado de aquella niña de largas trenzas castañas, cuando despedía, en sinfonía de adioses, a esa tía toda sonrisa que le prometía volver.
Al rato, al toque de la campana que anunciaba la partida de los viajeros, muchas manos se elevaban saludando, mientras la niña de las largas trenzas enjugaba sus lágrimas con un pañuelito blanco.
Todos se quedaban unos minutos contemplando el convoy que se alejaba, y se perdía entre los campos sembrados. Después, cada uno volvía a sus rutinas, a sus alegrías y sinsabores, a sus vidas.
Hasta la partida del próximo tren.


Cálida tarde;
entre los sembradíos
avanza un tren
 
Última edición:
Despedida

Casi en el centro de la pequeña ciudad, estaba la Estación de ferrocarril. Se alzaba orgullosa, en su espacio estratégico, como punto de unión entre los pueblos. Era parada obligatoria o casual; ánfora repleta de emociones, de despedidas eternas, de encuentros... o de ilusiones fallidas.
De vez en cuando, presenciaba el llanto apagado de aquella niña de largas trenzas castañas, cuando despedía, en sinfonía de adioses, a esa tía toda sonrisa que le prometía volver.
Al rato, al toque de la campana que anunciaba la partida de los viajeros, muchas manos se elevaban saludando, mientras la niña de las largas trenzas enjugaba sus lágrimas con un pañuelito blanco.
Todos se quedaban unos minutos contemplando el convoy que se alejaba, y se perdía entre los campos sembrados. Después, cada uno volvía a sus rutinas, a sus alegrías y sinsabores, a sus vidas.
Hasta la partida del próximo tren.


Cálida tarde;
entre los sembradíos
el ruido de un tren
Una estación, un lugar lleno de despedidas y encuentros, donde cada tren representa un nuevo capítulo en la vida de sus habitantes.

Saludos
 
A lo lejos una columna de humo negro, parecía acercarse con la prisa de un caracol.
Los rieles iban produciendo suaves ecos de golpeteos uniformes.
Un silbato lejano anunciaba a los descuidados, para que se retiren del trayecto de la vía. Mientras en la parte posterior de la boletería se ponían sacas en una carreta y despejaba espacio para un nuevo rimero de encomiendas.
El guardavía lleva en una mano un cubo de grasa con una brocha en su interior, y en la otra una vieja señal de rojo descolorido.
Desde la ventana observo despertarse la rutina con ligeros cabeceos, en tanto la vendedora de dulces arregla su canasto y pone los más vistosos y caros a la mano.
Se escucha el acercarse de un pulmón resoplando vapor y un chirrido que inicia un ascenso de intensidad, en tanto el maquinista empieza las maniobras de contramarcha en reversa a modo de freno, para no pasarse del límite del tejado de la pequeña estación.
Tres gallinas salen volando sin saber si el silbido viene de un nuevo gallo con un canto diferente, en tanto un viejo perro se levanta y camina a la puerta... esperando un retorno que ya no podrá repetirse...

En la estación
aún sigue en espera
viejo Hachikô
 
A lo lejos una columna de humo negro, parecía acercarse con la prisa de un caracol.
Los rieles iban produciendo suaves ecos de golpeteos uniformes.
Un silbato lejano anunciaba a los descuidados, para que se retiren del trayecto de la vía. Mientras en la parte posterior de la boletería se ponían sacas en una carreta y despejaba espacio para un nuevo rimero de encomiendas.
El guardavía lleva en una mano un cubo de grasa con una brocha en su interior, y en la otra una vieja señal de rojo descolorido.
Desde la ventana observo despertarse la rutina con ligeros cabeceos, en tanto la vendedora de dulces arregla su canasto y pone los más vistosos y caros a la mano.
Se escucha el acercarse de un pulmón resoplando vapor y un chirrido que inicia un ascenso de intensidad, en tanto el maquinista empieza las maniobras de contramarcha en reversa a modo de freno, para no pasarse del límite del tejado de la pequeña estación.
Tres gallinas salen volando sin saber si el silbido viene de un nuevo gallo con un canto diferente, en tanto un viejo perro se levanta y camina a la puerta... esperando un retorno que ya no podrá repetirse...

En la estación
aún sigue en espera
viejo Hachikô
Hermosísima intervención, Dragon!! Me encantó... Además, me llamó la atención el nombre propio Hachikö. Investigué, y es el protagonista de una historia bellísima y emocionante! Hasta encontré una foto de Hachikó... Muchas gracias! Saludos.
 

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