Hambre de primavera
Empezaba la tarde en una ciudad
donde la primavera es eterna,
cansado y abatido por una hambre que no definía,
caminé lentamente por los andenes tapizados de las
[últimas flores
y aromas de guayacanes y uno que otro roble.
Me acordé del gran desierto del norte
y de la noche oscura,
de la voz del mar en su vaivén de olas infinitas,
de los pensamientos mutilados y tirados en cualquier
[rincón de las estancias
sin nombre,
de las tenazas agrias desvistiendo las palabras que
[taladran sensibilidades,
de la gran banda marcial con notas de júbilo inmortal,
de las pilatunas de infancia cuyas remembranzas se
[petrifican para siempre
en la bóveda de los recuerdos perdidos,
del Martín Fierro y la noche de los lápices y los vuelos
[de terror,
y de esa hambre pálida que hacia retorcer mi estomago,
[todo mi cuerpo,
y así tembloroso caminaba con ella de la mano.
Busqué rápidamente tal hambriento león de circo
[pobre,
el restaurante mas cercano para saciar el hambre y lo
[hallé;
me senté en la primera mesa ubicada preciso casi a la
[entrada del
establecimiento,
y de inmediato no sentí la realidad,
era una hambre confundida,
una hambre de hambre,
un hambre de dolor,
de amor,
de trabajo,
de felicidad,
de vida,
o de escribir este poema que no entiendo,
o una hambre de esas.
Un almuerzo corriente pedí
a la hermosa y coqueta niña que atendía el importante
[negocio,
y como caída de hoja,
Ella vestida de blanco delantal
y en su mano derecha armónicamente con su caminar
una bandeja metálica lleva con sopa de arracacha
y plato con carne sudada, patacón, arroz, ensalada de
[lechuga y frijol,
a la mesa,
mientras llega, mi estomago degusta la espera,
y la ira de no almorzar a horas.
Era la media tarde,
tomo los cubiertos para iniciar a saciar el hambre,
y se acerca una anciana con ojos desvelados
y voz de hambre, pide que le socorran un bocado,
compartí,
¡que alegría que el hambre comparte con el hambre!,
llevo el tenedor a la boca con una porción de carne,
un viejo con sudor de abandono y vestido con
[sufrimientos blindados,
pide algo de comer para calmar el hambre
y olvidar el día anterior y el día que viene.
Sudé mucho, la frente con la servilleta sequé
y lloré lagrimas de rabia porque los días de mi pueblo
están pintados con color de hambre.
luecamon
[FONT="]
Empezaba la tarde en una ciudad
donde la primavera es eterna,
cansado y abatido por una hambre que no definía,
caminé lentamente por los andenes tapizados de las
[últimas flores
y aromas de guayacanes y uno que otro roble.
Me acordé del gran desierto del norte
y de la noche oscura,
de la voz del mar en su vaivén de olas infinitas,
de los pensamientos mutilados y tirados en cualquier
[rincón de las estancias
sin nombre,
de las tenazas agrias desvistiendo las palabras que
[taladran sensibilidades,
de la gran banda marcial con notas de júbilo inmortal,
de las pilatunas de infancia cuyas remembranzas se
[petrifican para siempre
en la bóveda de los recuerdos perdidos,
del Martín Fierro y la noche de los lápices y los vuelos
[de terror,
y de esa hambre pálida que hacia retorcer mi estomago,
[todo mi cuerpo,
y así tembloroso caminaba con ella de la mano.
Busqué rápidamente tal hambriento león de circo
[pobre,
el restaurante mas cercano para saciar el hambre y lo
[hallé;
me senté en la primera mesa ubicada preciso casi a la
[entrada del
establecimiento,
y de inmediato no sentí la realidad,
era una hambre confundida,
una hambre de hambre,
un hambre de dolor,
de amor,
de trabajo,
de felicidad,
de vida,
o de escribir este poema que no entiendo,
o una hambre de esas.
Un almuerzo corriente pedí
a la hermosa y coqueta niña que atendía el importante
[negocio,
y como caída de hoja,
Ella vestida de blanco delantal
y en su mano derecha armónicamente con su caminar
una bandeja metálica lleva con sopa de arracacha
y plato con carne sudada, patacón, arroz, ensalada de
[lechuga y frijol,
a la mesa,
mientras llega, mi estomago degusta la espera,
y la ira de no almorzar a horas.
Era la media tarde,
tomo los cubiertos para iniciar a saciar el hambre,
y se acerca una anciana con ojos desvelados
y voz de hambre, pide que le socorran un bocado,
compartí,
¡que alegría que el hambre comparte con el hambre!,
llevo el tenedor a la boca con una porción de carne,
un viejo con sudor de abandono y vestido con
[sufrimientos blindados,
pide algo de comer para calmar el hambre
y olvidar el día anterior y el día que viene.
Sudé mucho, la frente con la servilleta sequé
y lloré lagrimas de rabia porque los días de mi pueblo
están pintados con color de hambre.
luecamon
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