HAY UN RESPLANDOR
Hay un resplandor que no duerme
un resplandor que gime
que baila en mis costillas de otoño
y se abre angustioso donde se desviste
el suave pudor de las ramas.
Hay un resplandor extendido
debajo de tus besos,
paredes blancas como la lluvia
respirando en mi costado,
tachadura chorreando
por el corimbo de tus poros
la flama dulce y dolorosa
de la noche que se va.
Ahora
viajan corzos salvajes por mis uñas
y canciones lentas en el vino amoroso
que bebo de ti.
Ahora pienso en la isla que canta
y en la efigie de la noche entreabierta
en el paraíso de los ángeles caídos
y la suave arena de la poesía.
Ahora mis sueños son delgados,
ahora estás en mí
y en el nombre que repito
cuando me absorbe la melancolía.
Eban