Piedad Acosta Ruiz
Poeta recién llegado
Hay un universo infinito
que abre sus puertas
para sacar las carcajadas de un niño,
para masticar una planta de aliño,
para sembrar de frutos y flores
una fría y lejana tierra prometida,
un ser tan grande que está en las ausencias,
percibe antes de un guiño,
y en silencio calla
para saber cuando en el adulto
llora un niño.
Esa persona, tan cercana,
tan lejana, tan auténtica
como el sol de la mañana y del atardecer,
esa persona que sabe llegar
al profundo fondo de cada ser,
es Olga, estrella que derrama su luz,
cuando los pájaros buscan presuroso su nido,
cuando la noche arroja su velo,
cuando el sol se ha ido de paseo,
porque ha empezado el atardecer.
que abre sus puertas
para sacar las carcajadas de un niño,
para masticar una planta de aliño,
para sembrar de frutos y flores
una fría y lejana tierra prometida,
un ser tan grande que está en las ausencias,
percibe antes de un guiño,
y en silencio calla
para saber cuando en el adulto
llora un niño.
Esa persona, tan cercana,
tan lejana, tan auténtica
como el sol de la mañana y del atardecer,
esa persona que sabe llegar
al profundo fondo de cada ser,
es Olga, estrella que derrama su luz,
cuando los pájaros buscan presuroso su nido,
cuando la noche arroja su velo,
cuando el sol se ha ido de paseo,
porque ha empezado el atardecer.