Heberto Padilla

lluvia de enero

Simplemente mujer
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Heberto Padilla
(1932-2000)Poeta cubano nacido el 20 de enero de 1932 en Pinar del Río (Cuba), lugar donde residió los primeros años de su vida hasta completar sus estudios primarios y secundarios. En su juventud se trasladó a La Habana donde cursó sus estudios de Derecho y Filosofía.
En 1948 publicó su primer libro de poemas, Las rosas audaces.
Al triunfar la Revolución Cubana fue nombrado corresponsal en Nueva York, donde residía entonces, de la agencia periodística Prensa latina, pero varios meses después regresó a Cuba para formar parte del periódico Revolución, dirigido por Carlos Franqui, y fue director del Departamento de Servicios Especiales de Prensa Latina. En 1960 el suplemento literario Lunes de Revolución publicó los primeros capítulos de su novela Buscavidas, y la Casa de las Américas le otorga un premio de honor por su libro El justo tiempo humano. Fue fundador de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, dirigente de su Sección de literatura e integrante del Consejo de Dirección de la revista Unión, así como Director Internacional del Consejo Nacional de Cultura. En 1962 fue enviado como corresponsal de Prensa latina y Revolución a la Unión Soviética. En 1966, ya de regreso en Cuba, se convierte en centro de una polémica ideológica en las páginas de Juventud Rebelde, periódico de la Unión de Jóvenes Comunistas, donde debatió problemas políticos y culturales que suscitaron fuertes ataques contra Padilla, sobre todo de la revista Verde Olivo, órgano oficial de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Cuba. No obstante, ese mismo año obtuvo el Premio Nacional de Poesía de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba con su libro Fuera del juego. Un año después Padilla fue llamado a trabajar en la Universidad de la Habana hasta 1971, año en que en un recital de poesía llevado a cabo en los salones de la propia Unión de Escritores, dio lectura a su último libro, Provocaciones, lo cual produjo su detención el 20 de marzo de 1971, conjuntamente con su esposa, la poetisa y escritora Belkis Cuza Malé. Ambos fueron acusados por el Departamento de Seguridad del Estado de “actividades subversivas” contra el gobierno revolucionario de Cuba. Merced a la reacción internacional que provocó el encarcelamiento, sobre todo en los grupos de intelectuales de todo el mundo, entre los cuales se contaban Jean-Paul Sartre, Simone de Beauvoir, Alberto Moravia, Susan Sontag, Mario Vargas Llosa, Carlos Fuentes, Octavio Paz, Hans Magnus Enzensberger, Juan Goytisolo, etc.... Padilla y su esposa fueron liberados. Después de su liberación, Padilla fue separado de la Universidad de la Habana y de la Unión de Escritores y enviado como traductor a la Editorial Arte y literatura. En 1980 se le permite dejar su país y viaja a Estados Unidos donde residirá hasta su muerte.
Heberto Padilla murió en Alabama, Estados Unidos, el 25 de septiembre de 2000 víctima de un ataque al corazón. En el momento de su fallecimiento, Padilla trabajaba como profesor de Literatura Latinoamericana en la Auburn University.

Datos biográficos extraídos de: http://www.literatura.us/padilla/


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EN TIEMPOS DIFÍCILES


A aquel hombre le pidieron su tiempo
para que lo juntara al tiempo de la Historia.
Le pidieron las manos,
porque para una época difícil
nada hay mejor que un par de buenas manos.
Le pidieron los ojos
que alguna vez tuvieron lágrimas
para que contemplara el lado claro
(especialmente el lado claro de la vida)
porque para el horror basta un ojo de asombro.

Le pidieron sus labios
resecos y cuarteados para afirmar,
para erigir, con cada afirmación, un sueño
(el-alto-sueño);
le pidieron las piernas,
duras y nudosas,
(sus viejas piernas andariegas)
porque en tiempos difíciles
¿algo hay mejor que un par de piernas
para la construcción o la trinchera?

Le pidieron el bosque que lo nutrió de niño,
con su árbol obediente.

Le pidieron el pecho, el corazón, los hombros.

Le dijeron
que eso era estrictamente necesario.

Le explicaron después
que toda esta donación resultaría inútil
sin entregar la lengua,
porque en tiempos difíciles
nada es tan útil para atajar el odio o la mentira.

Y finalmente le rogaron
que, por favor, echase a andar,
porque en tiempos difíciles
ésta es, sin duda, la prueba decisiva.


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LA HORA

.............................................“El, ella o ello...”
...........................................................Unamuno

............................................A Haydde y Gustavo Eguren

Mi hora vendrá,
hará una seña en la escalera
y subirá a mi cuarto
donde arderá la estufa;
si en Londres,
estará el té dispuesto para ella;
si en Moscú,
tendrá todos los metros de mi casa
frente a la plaza de Smolensk.

Mi hora vendrá
(mi sola hora de gloria)
se asomará a la puerta,
y al mirarme dormido
cerca de la ventana de cristales
por donde puedo ver
el puente Borodino,
echará su elemento
entre mis ojos raros
y no sentiré el peso
como si me tocara
un ala en pleno vuelo.

Mi hora vendrá
me llamará despacio
con el zurrido ajeno
de las bocas que han dicho
mi nombre en todas partes,
de las bocas hundidas
en aquel sótano de Lyons,
de las bocas cansadas
de un barrio de New York,
de mi boca de niño
desenredando el nombre
sombrío de las cosas.

Pero sé que vendrá.
Lo mismo que una madre.
Se sentará a mi lado,
ciñéndose la falda con la mano huesuda,
el seno breve
se agitará de prisa para decirme:
“Todos los trenes que esperaba,
se retrasaron tanto,
niño mío...”

Y estará fatigada
(siempre se está después de un largo viaje)
y buscará
(debajo de mis gafas nubladas)
la víspera asombrosa
de verla vieja y niña.
Entonces
todas las casas que conozco
serán su única casa,
todas las furias de mi vida
serán su única furia,
todos los miedos de mi madre
serán su único miedo,
todos los cuerpos que he deseado
serán su único cuerpo,
todas las hambres que he sufrido
serán su única hambre.

Y yo estaré callado
para que no descubra
el sobresalto de mi piel
atenta al ruido de su paso.

II

Te esperaré,
hora mía entre todas las horas de la tierra.
No habrá sueño o fatiga
que depongan el párpado entreabierto.

De espiar tu señal
siempre ha dolido mi ojo en vela.
Ahora espero de ti mis proezas, mis magias.

Como bajo la carpa de los circos,
del trapecio más alto
cuelga tú mi cabeza ardiente y elegida.
Como en las noches de Noruega
dora al fin mi vestigio de tu lumbre más alta.
Soy el viajero que va al Sur,
descúbreme, cantando, la tierra de tu paso.

Este es el centro del invierno,
cúbreme ya de todo el fuego.

Haz que mis libros tengan
tu fuerza y mi vehemencia. Di al mundo:
“amó, luchó”.

Arráncame la costra impersonal.
Redúceme, aterido,
entre tus manos diestras.
Que de algún modo sepan
que no todo fue inútil,
que tuvieron sentido mi impaciencia,
mi canto.


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Qué buen poeta, no lo conocía.
Estás publicando autores muy interesantes.

Un abrazo; siempre: gracias.
JULIA
 

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