Héctor y Andrómaca

Pessoa

Moderador Foros Surrealistas.o
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HÉCTOR Y ANDRÓMACA

(Sobre un cuadro de Giorgio de Chirico.)


Sobre la soledad de la plaza ensimismada

amantes como gritos se despiden.

Es la guerra. Es la ausencia.

Las quebradas geometrías recomponen el dolor

del que apenas una música

apacigua la sombra ambigua de las torres y los barcos.


Los amantes que recortan sus besos

sobre la luna de un imposible amanecer

hacen metafísicas las piedras de ese noble pavimento,

ahora nube.



Tenemos que escuchar el latido multiforme

de sus corazones tallados en el Tiempo

para entender la enormidad de sus miradas.


Mínimos pies movilizan

las columnas de las hormigas airadas,

pies llamados a la danza,

su objetivo inalcanzado.


Pero todavía no es el tiempo de los cónclaves

lujuriosos de los próceres:

la sangre reclama su categoría de mártir

abatidos ya los morriones de las frígidas estatuas.


Tersos músculos convocan a los amantes

a esa entrega diferente,

pesada carga del deseo no satisfecho,

en esa hora del renacer supremo.


La mutua complacencia del abrazo claveteado

ignora este nueva amanecida cuajada de gaviotas:

él ha de marchar, la lágrima le espera,

y a ella las noches en que las manos elásticas

tratarán de alcanzar el rudimento de la dicha.


Nunca ya la caricia alada de la cálida alborada.

Lejos, tal vez un dios sea soporte y esperanza,

pero ellos, los amantes, sólo añorarán la inocencia.

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HÉCTOR Y ANDRÓMACA

(Sobre un cuadro de Giorgio de Chirico.)


Sobre la soledad de la plaza ensimismada

amantes como gritos se despiden.

Es la guerra. Es la ausencia.

Las quebradas geometrías recomponen el dolor

del que apenas una música

apacigua la sombra ambigua de las torres y los barcos.


Los amantes que recortan sus besos

sobre la luna de un imposible amanecer

hacen metafísicas las piedras de ese noble pavimento,

ahora nube.



Tenemos que escuchar el latido multiforme

de sus corazones tallados en el Tiempo

para entender la enormidad de sus miradas.


Mínimos pies movilizan

las columnas de las hormigas airadas,

pies llamados a la danza,

su objetivo inalcanzado.


Pero todavía no es el tiempo de los cónclaves

lujuriosos de los próceres:

la sangre reclama su categoría de mártir

abatidos ya los morriones de las frígidas estatuas.


Tersos músculos convocan a los amantes

a esa entrega diferente,

pesada carga del deseo no satisfecho,

en esa hora del renacer supremo.


La mutua complacencia del abrazo claveteado

ignora este nueva amanecida cuajada de gaviotas:

él ha de marchar, la lágrima le espera,

y a ella las noches en que las manos elásticas

tratarán de alcanzar el rudimento de la dicha.


Nunca ya la caricia alada de la cálida alborada.

Lejos, tal vez un dios sea soporte y esperanza,

pero ellos, los amantes, sólo añorarán la inocencia.

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Me pregunto en qué parte de la balanza se concentra la mayor parte de ese peso.
El que parte, deja tras de sí un todo que forjará la herida más profunda que pueda sufrir aún sin haber llegado a la batalla, pero allí, en el campo otras heridas provocarán un silencio que desde aquí, desconocemos si es eterno o desaparece definitivamente.
El que permanece, prolonga en el espacio - tiempo la herida dimensionando por tanto la profundidad del adiós...
Qué sentido se fragua en los destinos.
Geometría en el arte que acompaña tu deliciosa sensibilidad. Felicidades Miguel, eres seguro de deleite.

Un abrazo.

Palmira
 
Muchas gracias, Palmira, mi querida amiga. Un comentario el tuyo profundo, en el que analizas con precisión, aunque planteando una duda inicial muy válida, la dimensión humana del dolor hasta conectarlo con lo que alguien llamaría "dolor cósmico". Un cordial saludo,
miguel
 

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