AUGUSTO SILVA ACEVEDO
Poeta veterano en MP
HENDIJAS SOCIOLÓGICAS.
Este oficio de escritor a veces es amargo, frustrante también; porque casi nunca se puede explicar para que las consciencias de los demás queden satisfechos; con este trabajo y menos cuando esas consciencias son políticas, y son golpeadas en una realidad por esa escritura, que debe estar al día con la historia y con el acontecer y acción de cada persona que tiene la potestad de tomar decisiones en una sociedad definida. No escriben los exasperados.
Deberán escribir los que creen en decirle a los demás mensajes, fundamentados, en forma objetiva, para que haya reacciones; sí fuera posible mejores decisiones. Entonces se escribe poniendo de manifiesto en lo que se cree, lo que pasa, desengaños, o hacerles saber; a los que leen, que todavía hay hendijas por las que se destila una satisfacción inesperada, sorpresiva, que da un hálito de esperanza y permite seguir. Una hendija como esas por las que muchos ciudadanos tienen oportunidad de observar una realidad, que no se puede callar, que hay que reportar para que esos actos de sátrapas y gamonales que se creen propietarios de la circunstancia completa que los rodea; no se repitan. El escritor “ausculta” el sentimiento y la protesta de esos que han tenido oportunidad de ver por esas hendijas.
Algunos poetas participan de esta oportunidad y generalmente son mal vistos, y nunca tienen oportunidad de obtener un premio de cultura, porque los dirigen esas secretarías, son primos, hermanos, o secuaces de oportunistas, sátrapas, que desgraciadamente, ha sido difícil erradicarlos. De tal forma que dominar este arte de la palabra, hablada y escrita, tiene la obligación de seducir, de encandilar, con el objetivo de sacar de la obscuridad a tantos, que han sido engañados, con otro arte, el de mentir, el de conquistar y el de traicionar.
En consecuencia el escritor necesita estar enterado del acontecer de la historia buena, quiero decir de esa historia, que ha sido dicha y escrita con algo de ciencia y Hermenéutica, para no mentir a la hora de plasmar sus versos o prosas, tener seriedad y no involucrarse en los objetivos ideológicos de esos que siempre aspiran al poder para amparar su bolsa y la de los sus cómplices y familiares. Ver a través de la hendija sin traspasar la cerca, esa valla, que le da identificación, y no es que tenga que esconderse, sino usar la valla, para aprehender, organizar, y elaborar el reporte en forma propicia, gentil, simple, como la madre del que siembra el maíz y asa la masa para darnos tortillas.
Sencillo para que todos entiendan. Corolario, entonces de poder transmitir, con solo un objetivo, no permitir que se sigan repitiendo los actos delictivos, de esos gamonales de pacotilla, que se adueñan de los institutos y de las instituciones, pisoteando y barnizando con sus escupitajos la Carta, que le dio libertad a un grupo social, bien intencionado. Será pues, el escritor intermediario de una verdad y una realidad sociológica, que JAMÁS puede callar; porque su silencio, lo convertiría en CÓMPLICE Y COACTOR de actos que los demás repudiarán…
Este oficio de escritor a veces es amargo, frustrante también; porque casi nunca se puede explicar para que las consciencias de los demás queden satisfechos; con este trabajo y menos cuando esas consciencias son políticas, y son golpeadas en una realidad por esa escritura, que debe estar al día con la historia y con el acontecer y acción de cada persona que tiene la potestad de tomar decisiones en una sociedad definida. No escriben los exasperados.
Deberán escribir los que creen en decirle a los demás mensajes, fundamentados, en forma objetiva, para que haya reacciones; sí fuera posible mejores decisiones. Entonces se escribe poniendo de manifiesto en lo que se cree, lo que pasa, desengaños, o hacerles saber; a los que leen, que todavía hay hendijas por las que se destila una satisfacción inesperada, sorpresiva, que da un hálito de esperanza y permite seguir. Una hendija como esas por las que muchos ciudadanos tienen oportunidad de observar una realidad, que no se puede callar, que hay que reportar para que esos actos de sátrapas y gamonales que se creen propietarios de la circunstancia completa que los rodea; no se repitan. El escritor “ausculta” el sentimiento y la protesta de esos que han tenido oportunidad de ver por esas hendijas.
Algunos poetas participan de esta oportunidad y generalmente son mal vistos, y nunca tienen oportunidad de obtener un premio de cultura, porque los dirigen esas secretarías, son primos, hermanos, o secuaces de oportunistas, sátrapas, que desgraciadamente, ha sido difícil erradicarlos. De tal forma que dominar este arte de la palabra, hablada y escrita, tiene la obligación de seducir, de encandilar, con el objetivo de sacar de la obscuridad a tantos, que han sido engañados, con otro arte, el de mentir, el de conquistar y el de traicionar.
En consecuencia el escritor necesita estar enterado del acontecer de la historia buena, quiero decir de esa historia, que ha sido dicha y escrita con algo de ciencia y Hermenéutica, para no mentir a la hora de plasmar sus versos o prosas, tener seriedad y no involucrarse en los objetivos ideológicos de esos que siempre aspiran al poder para amparar su bolsa y la de los sus cómplices y familiares. Ver a través de la hendija sin traspasar la cerca, esa valla, que le da identificación, y no es que tenga que esconderse, sino usar la valla, para aprehender, organizar, y elaborar el reporte en forma propicia, gentil, simple, como la madre del que siembra el maíz y asa la masa para darnos tortillas.
Sencillo para que todos entiendan. Corolario, entonces de poder transmitir, con solo un objetivo, no permitir que se sigan repitiendo los actos delictivos, de esos gamonales de pacotilla, que se adueñan de los institutos y de las instituciones, pisoteando y barnizando con sus escupitajos la Carta, que le dio libertad a un grupo social, bien intencionado. Será pues, el escritor intermediario de una verdad y una realidad sociológica, que JAMÁS puede callar; porque su silencio, lo convertiría en CÓMPLICE Y COACTOR de actos que los demás repudiarán…