mariano dupont
Poeta fiel al portal
Cuando ya entibia
el domesticado fuego
de la Dordogne,
las frias y oscuras cavernas.
Lejanos humbres
invocan con sus canticos,
sin saber su nombre
al Dios Himeneo.
Ay,Ay,Ay...
joven Dios...
joven Himeneo...
El de la flauta armoniosa.
Con flores de arrayán
en la cabeza
y corona de rosas
en tu pelo.
En los ventosos
y largos inviernos
danzan y cantan
hombres y mujeres
para que enciendas
tus antorchas
hijo de Afrodita.
Suena la flauta del dios
y todos siguen la danza,
en las templadas cuevas.
Y cuando llegan
con el estío los brotes
siguen y siguen,
en la llanura también.
Cuando disminuye
del fuego su fulgor
llegan los encendidos
soplos de Cupido
y esas teas brillan de color.
Porque nunca se apagan
y relumbran por siempre,
...¡que asi sea!...
Las ardientes
antorchas de Himeneo.
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el domesticado fuego
de la Dordogne,
las frias y oscuras cavernas.
Lejanos humbres
invocan con sus canticos,
sin saber su nombre
al Dios Himeneo.
Ay,Ay,Ay...
joven Dios...
joven Himeneo...
El de la flauta armoniosa.
Con flores de arrayán
en la cabeza
y corona de rosas
en tu pelo.
En los ventosos
y largos inviernos
danzan y cantan
hombres y mujeres
para que enciendas
tus antorchas
hijo de Afrodita.
Suena la flauta del dios
y todos siguen la danza,
en las templadas cuevas.
Y cuando llegan
con el estío los brotes
siguen y siguen,
en la llanura también.
Cuando disminuye
del fuego su fulgor
llegan los encendidos
soplos de Cupido
y esas teas brillan de color.
Porque nunca se apagan
y relumbran por siempre,
...¡que asi sea!...
Las ardientes
antorchas de Himeneo.
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