Emmanuel Milla-Gatica
Poeta recién llegado
Escribiría un himno al silencio:
A ti, músico de mis frutos caidos.
Tú, concertista de los sótanos abruptos,
De los cuartos oscuros y de las granjas,
Donde se almacena la soledad y el tiempo.
Tú, vaso de miel del sudor de las abejas.
Tú, epistolar cavidad de los océanos y de los ríos.
Tú, con el cual, desde lo alto de la montaña,
Encierro y libero la ciudad.
Sus carreteras mudas, sus gritos sordos,
El líquido metal de sus cadenas.
Mis lágrimas, tus lágrimas,
Nuestras lágrimas;
Todas aquellas pequeñas cosas
Entremetidas, suspendidas,
En la floral cavidad de la vida.
Silencio uterino de las mujeres
Que son carne donde
Madura el fruto de la vida.
Silencio de sus golosos senos silvestres,
De la leche templada por sus sueños
Y las estrellas.
Silencio de las mujeres que son ofrenda,
Talismán, templo y pergamino.
Deposito mágico de vaporosos crepúsculos,
De albas eclipsadas en sus entrañas.
Silencio del porvenir, del mañana,
El único camino que nos llevara
A alguna parte.
Silencio de la Luna
Agazapada en la vanidad de los gatos.
Silencio que nos permite conocer
E ignorar al mismo tiempo,
Pues es bueno que ignoremos
De vez en cuando.
Silencio del pensamiento
Que nos protege da las dudas,
De la incertidumbre.
De las certezas y del temor.
Silencio de la razón
Que agita sus alas como las golondrinas,
Entre mi alma y el corazón.
Silencio del corazón...
De los sentidos
Silencio de las palabras no dichas
Que son abecedario en la eternidad.
Silencio de la Creación
Silencio del Creador
Donde todo acaba y recomienza
Sin fin.
A ti, músico de mis frutos caidos.
Tú, concertista de los sótanos abruptos,
De los cuartos oscuros y de las granjas,
Donde se almacena la soledad y el tiempo.
Tú, vaso de miel del sudor de las abejas.
Tú, epistolar cavidad de los océanos y de los ríos.
Tú, con el cual, desde lo alto de la montaña,
Encierro y libero la ciudad.
Sus carreteras mudas, sus gritos sordos,
El líquido metal de sus cadenas.
Mis lágrimas, tus lágrimas,
Nuestras lágrimas;
Todas aquellas pequeñas cosas
Entremetidas, suspendidas,
En la floral cavidad de la vida.
Silencio uterino de las mujeres
Que son carne donde
Madura el fruto de la vida.
Silencio de sus golosos senos silvestres,
De la leche templada por sus sueños
Y las estrellas.
Silencio de las mujeres que son ofrenda,
Talismán, templo y pergamino.
Deposito mágico de vaporosos crepúsculos,
De albas eclipsadas en sus entrañas.
Silencio del porvenir, del mañana,
El único camino que nos llevara
A alguna parte.
Silencio de la Luna
Agazapada en la vanidad de los gatos.
Silencio que nos permite conocer
E ignorar al mismo tiempo,
Pues es bueno que ignoremos
De vez en cuando.
Silencio del pensamiento
Que nos protege da las dudas,
De la incertidumbre.
De las certezas y del temor.
Silencio de la razón
Que agita sus alas como las golondrinas,
Entre mi alma y el corazón.
Silencio del corazón...
De los sentidos
Silencio de las palabras no dichas
Que son abecedario en la eternidad.
Silencio de la Creación
Silencio del Creador
Donde todo acaba y recomienza
Sin fin.