Jose Anibal Ortiz Lozada
Poeta adicto al portal
Entre tus palabras y las mías,
hay un silencio que habla,
como cuando la noche suspira
y el cielo oscuro se aclara.
Te he buscado en el café de la mañana,
en el arrullo de las palomas,
en las hojas que caen sin drama,
en la risa que las sombras asoman.
Escribo para ti, como tú escribiste,
sobre el amor que no se cura con olvido,
sobre el dolor que en el pecho persiste,
sobre la vida, ese regalo no pedido.
Me enseñaste a ver la muerte de frente,
a conversar con ella en tardes frías,
a no temerle al final, ser valiente,
a encontrar en el adiós nuevas poesías.
Sabines, maestro de los versos diarios,
tu voz sigue aquí, rompiendo silencios,
llenando de vida los vocabularios,
enseñándonos que somos solo tiempos.
hay un silencio que habla,
como cuando la noche suspira
y el cielo oscuro se aclara.
Te he buscado en el café de la mañana,
en el arrullo de las palomas,
en las hojas que caen sin drama,
en la risa que las sombras asoman.
Escribo para ti, como tú escribiste,
sobre el amor que no se cura con olvido,
sobre el dolor que en el pecho persiste,
sobre la vida, ese regalo no pedido.
Me enseñaste a ver la muerte de frente,
a conversar con ella en tardes frías,
a no temerle al final, ser valiente,
a encontrar en el adiós nuevas poesías.
Sabines, maestro de los versos diarios,
tu voz sigue aquí, rompiendo silencios,
llenando de vida los vocabularios,
enseñándonos que somos solo tiempos.