marquelo
Negrito villero
Esquivo y sigo
¿Por qué los tormentos de la carne
el adulterio del aire en favor de las sombras?
Todas las tragedias tienen señales en los caminos
todo índice de vida es una veleta que cambia con los días
Sigo y esquivo
todo rastro fermentado de la guerra
toda manifestación demagógica en el estómago
toda hambruna servida en el desierto.
A diferencia de los árboles
nuestras extremidades se extienden a la nada
al oscuro sello del hipócrita silencio
al juego de pelota que es sometido el mundo por el hombre.
la tragedia aplaude en todos los actos.
Yo veo a la luz deliberar en las cofradías del sueño
en el nido, encendiéndolo, hacia las blancas espumas errantes.
Yo veo a los amantes contar sus besos con los dedos
enrollarse en los árboles para no caer en el sistema
en el orden hipócrita de las costumbres
de la norma
con su estética de pus.
Hay islas que sirven de sombrilla
contra estas señales radioactivas
todavía sobreviven en la arena los colores de Gauguin en Tahiti
en todas las pisadas que vinieron después buscando el aire musical
respirando a dúo con Dios por las mañanas.
¿Qué forma tendrán las piedras al final del camino?
¿La cabeza al final de la metralla?
¿El dinero que repudia el árbol?
¿El pobre aire que produjo intereses?
Hay días que he visto llorar al amor
tocando a gritos la casa de la doncella
que yace silente
sobre la gravedad de la tierra.
Es curioso trabajar para la tragedia
las circunstancias son los grandes sicarios de la vida
de la hora en que te desnudan
de los grilletes de nada que te colocan.
He visto a la mierda secarse al sol para terminar
en el olvido de los jueces
en el sonido chirriante de las monedas
en el tinte del insecto en los banquetes.
Como viejos
purificamos las cosas encogiéndonos de hombros
y esquivamos
dejando crecer la herida.
¿Por qué los tormentos de la carne
el adulterio del aire en favor de las sombras?
Todas las tragedias tienen señales en los caminos
todo índice de vida es una veleta que cambia con los días
Sigo y esquivo
todo rastro fermentado de la guerra
toda manifestación demagógica en el estómago
toda hambruna servida en el desierto.
A diferencia de los árboles
nuestras extremidades se extienden a la nada
al oscuro sello del hipócrita silencio
al juego de pelota que es sometido el mundo por el hombre.
la tragedia aplaude en todos los actos.
Yo veo a la luz deliberar en las cofradías del sueño
en el nido, encendiéndolo, hacia las blancas espumas errantes.
Yo veo a los amantes contar sus besos con los dedos
enrollarse en los árboles para no caer en el sistema
en el orden hipócrita de las costumbres
de la norma
con su estética de pus.
Hay islas que sirven de sombrilla
contra estas señales radioactivas
todavía sobreviven en la arena los colores de Gauguin en Tahiti
en todas las pisadas que vinieron después buscando el aire musical
respirando a dúo con Dios por las mañanas.
¿Qué forma tendrán las piedras al final del camino?
¿La cabeza al final de la metralla?
¿El dinero que repudia el árbol?
¿El pobre aire que produjo intereses?
Hay días que he visto llorar al amor
tocando a gritos la casa de la doncella
que yace silente
sobre la gravedad de la tierra.
Es curioso trabajar para la tragedia
las circunstancias son los grandes sicarios de la vida
de la hora en que te desnudan
de los grilletes de nada que te colocan.
He visto a la mierda secarse al sol para terminar
en el olvido de los jueces
en el sonido chirriante de las monedas
en el tinte del insecto en los banquetes.
Como viejos
purificamos las cosas encogiéndonos de hombros
y esquivamos
dejando crecer la herida.
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