Lord Vélfragor
Poeta adicto al portal
El llanto del antílope,
la melancolía de la sombra,
que se desvanece con la luz,
al amanecer entre mar y arena,
Huellas dejadas,
en largo andar de pensamientos,
que cubren las lágrimas bandidas,
que roban una a una las palabras,
entrecortando el suspiro... el respirar,
Pensamientos fatales,
deseos inconclusos,
que comienzan a ser una espina,
clavada en los cimientos del alma,
¡Un corte suave!
¡Una caricia del acero!
¡Que obtenga la vida!
El corazón inerte de sentimientos,
ya no puedo más... ya no...
revolcando los instantes,
crucificando su memoria,
Señales confusas,
de la muerte que abraza las penas,
arrebatando el júbilo de despertar,
en una mañana gris... pétrea,
Monolitos antiguos,
que bañan el oído,
con susurros sabios,
esos que ahora no quiero escuchar,
esos que ahora no importan,
¡Dejadme tranquilo!
que una bala seria demasiado rápida,
un cuchillo... honorable pero rápido,
Oculto bajo el ciprés,
la horca espera,
adornada con guirnaldas violetas,
perfumada por las rosas negras,
que tanto dedique...
Caminemos un poco más,
que la sangre fluya,
que deje el rastro carmesí,
que tal vez cause lástima,
Afiladas vertientes,
en este abismo profundo,
que posa sus ojos eternos,
en mi patética figura...
(suspiro)
(¡Abandona la idea!)
Una leve sonrisa,
un chasquido de dedos,
la marcha fúnebre debe comenzar,
solo... solo...
Lobos aúllan,
perfecto desenlace,
con el búho vigilante,
las cigarras alegres,
Me despido...
de esta realidad,
que solo es falsedad,
que solo es hipocresía,
Escurra mi pacto,
a los cuatro vientos,
y una rosa para ella,
por quien hoy voy a morir,
Olvida un epitafio,
olvida una misa,
solo déjame perecer,
en lo profundo de este sitio,
Y tal vez mañana,
renaceré en otro lugar,
lejos, lejos de ti de tu recuerdo,
¡Canten las olas!
¡Tíñanse de dorado!
¡El amanecer se aproxima!
¡Que mi sentencia sea cumplida!
¡Ya!
L.V.
la melancolía de la sombra,
que se desvanece con la luz,
al amanecer entre mar y arena,
Huellas dejadas,
en largo andar de pensamientos,
que cubren las lágrimas bandidas,
que roban una a una las palabras,
entrecortando el suspiro... el respirar,
Pensamientos fatales,
deseos inconclusos,
que comienzan a ser una espina,
clavada en los cimientos del alma,
¡Un corte suave!
¡Una caricia del acero!
¡Que obtenga la vida!
El corazón inerte de sentimientos,
ya no puedo más... ya no...
revolcando los instantes,
crucificando su memoria,
Señales confusas,
de la muerte que abraza las penas,
arrebatando el júbilo de despertar,
en una mañana gris... pétrea,
Monolitos antiguos,
que bañan el oído,
con susurros sabios,
esos que ahora no quiero escuchar,
esos que ahora no importan,
¡Dejadme tranquilo!
que una bala seria demasiado rápida,
un cuchillo... honorable pero rápido,
Oculto bajo el ciprés,
la horca espera,
adornada con guirnaldas violetas,
perfumada por las rosas negras,
que tanto dedique...
Caminemos un poco más,
que la sangre fluya,
que deje el rastro carmesí,
que tal vez cause lástima,
Afiladas vertientes,
en este abismo profundo,
que posa sus ojos eternos,
en mi patética figura...
(suspiro)
(¡Abandona la idea!)
Una leve sonrisa,
un chasquido de dedos,
la marcha fúnebre debe comenzar,
solo... solo...
Lobos aúllan,
perfecto desenlace,
con el búho vigilante,
las cigarras alegres,
Me despido...
de esta realidad,
que solo es falsedad,
que solo es hipocresía,
Escurra mi pacto,
a los cuatro vientos,
y una rosa para ella,
por quien hoy voy a morir,
Olvida un epitafio,
olvida una misa,
solo déjame perecer,
en lo profundo de este sitio,
Y tal vez mañana,
renaceré en otro lugar,
lejos, lejos de ti de tu recuerdo,
¡Canten las olas!
¡Tíñanse de dorado!
¡El amanecer se aproxima!
¡Que mi sentencia sea cumplida!
¡Ya!
L.V.