Jose Anibal Ortiz Lozada
Poeta adicto al portal
Hoy se bebe, hermano,
se bebe con el alma entumecida,
con el vaso que tiembla en las manos
como si fuera el último ancla
antes de naufragar en lo que fuimos.
Hoy se bebe, no por sed
sino por ese vacío que a veces nos come
las ganas de volver a intentarlo.
Las calles se ven iguales,
pero algo falta, una risa, una promesa
que se perdió en el humo de tanto cigarro.
Hoy se bebe, hermano,
para olvidar lo que nunca fue,
para enterrar ese abrazo que no dimos,
para ahogar el eco de esas palabras
que se quedaron colgadas en la boca.
Y mientras el alcohol corre lento,
nos damos cuenta que el olvido es un mito,
una promesa rota que se diluye
entre sorbos y nostalgias.
Así que bebamos, sin tregua,
porque esta noche no hay memoria,
no hay tiempo, no hay mañana,
solo el silencio que nos acompaña
como un viejo amigo,
como una sombra que no se va.
se bebe con el alma entumecida,
con el vaso que tiembla en las manos
como si fuera el último ancla
antes de naufragar en lo que fuimos.
Hoy se bebe, no por sed
sino por ese vacío que a veces nos come
las ganas de volver a intentarlo.
Las calles se ven iguales,
pero algo falta, una risa, una promesa
que se perdió en el humo de tanto cigarro.
Hoy se bebe, hermano,
para olvidar lo que nunca fue,
para enterrar ese abrazo que no dimos,
para ahogar el eco de esas palabras
que se quedaron colgadas en la boca.
Y mientras el alcohol corre lento,
nos damos cuenta que el olvido es un mito,
una promesa rota que se diluye
entre sorbos y nostalgias.
Así que bebamos, sin tregua,
porque esta noche no hay memoria,
no hay tiempo, no hay mañana,
solo el silencio que nos acompaña
como un viejo amigo,
como una sombra que no se va.